Oviedo, 13 de julio de 2006
Hace unos días el Papa Benedicto XVI visitaba en Valencia a todas las familias del mundo. Fueron unas horas de estancia con nosotros que he vivido con una intensidad especial y que ahora deseo acercar los más vivamente posible al corazón de cada uno de los que formáis parte de la Iglesia que camina en Asturias, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Su visita podríamos resumirla en esta frase: ha sido un canto al amor, a la vida y a la fe.
proclamemos la verdad integral de la familia
El Papa ha venido a clausurar este encuentro mundial de las familias para proclamar la verdad íntegra de la familia, fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer. El Santo Padre Benedicto XVI, nos ha confirmado en la fe, diciéndonos que vivir en la familia cristiana −como iglesia doméstica que es− resulta un lugar privilegiado para desarrollar la experiencia eclesial, la libertad, el impulso de una escuela de verdadera humanización; porque en este ámbito hallamos el lugar adecuado para descubrir que como la familia cristiana es santuario de la vida. Como nos decía el Papa, la familia, fundada sobre el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, es el ámbito donde un ser humano puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral. Por eso resulta una responsabilidad ineludible para todos los creyentes que proclamemos siempre, desde la energía y la autoridad que nos da el Evangelio, la verdad integral de la familia fundada en el matrimonio, como iglesia doméstica y santuario de la vida.
la familia, nacida del sí total ante Dios que se dieron el padre y la madre, encuentra en la Santa Cueva de Covadonga un lugar privilegiado para renovarse
¿Cómo decir que la familia cristiana es un canto al amor, a la vida y a la fe? Muchas afirmaciones podríamos hacer para explicar este canto, pero baste decir ahora mismo que la familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor. Tengo una inmensa alegría al comprobar que hay muchas familias en nuestra Archidiócesis de Oviedo que viven desde esta perspectiva vital. ¡Cuántas familias en nuestra Iglesia Diocesana aplicáis este modelo de vida! Una mirada a la historia de Asturias nos permite observar el empuje que en la construcción de este pueblo ha tenido la familia. Nuestra historia y nuestro pueblo, resultaría incomprensible sin admitir el peso determinante que tiene la familia cristiana. Las raíces de Asturias están en la familia cristiana. Socavarlas es destruir al pueblo y a elementos determinantes de su propia identidad.
Sí, esa familia, nacida en aquél sí total ante Dios que se dieron el padre y la madre, constituye la base del sacramento. Una gracia y una fuerza que Dios puso en sus vidas; un sí que a su vez se prolongó hacia quienes engendraron dándoles su propia vida. La anual visita a Covadonga de las familias de Asturias y de otros lugares de España y del mundo, entrando en la Santa Cueva y arrodillándose ante la Santina, es todo un compromiso lleno de frutos de gracia y de amor para la renovación del compromiso de seguir construyendo, difundiendo y proclamando la verdad de la familia de Nazaret. Covadonga es el santuario de la familia y de la vida, y allí renovamos nuestro compromiso con la familia. Covadonga es el santuario de la familia, es el hogar de nuestra Madre que da salud a la familia. Os invito a que os encontréis todos juntos, padres e hijos, en Covadonga. Y en esa jornada descubráis que una de las tareas más grandes de la familia es la de formar personas libres y responsables, comprometidas y capaces de percibir las necesidades de los otros, o como lo hizo María en las bodas de Caná.
Familias de Asturias, no olvidéis vuestro encuentro anual en Covadonga, es una cita imprescindible. En ella devolved a vuestros hijos la libertad de la que, durante un tiempo, habéis tenido que ser tutores. Si os ven vivir con alegría y entusiasmo, con gozo y con fe, les ayudaréis a descubrir la verdadera libertad que está unida a Cristo y de la cual es testigo singular su Madre Santísima, la Virgen María.
los pueblos para crecer y desarrollarse necesitan de la familia
Conviene recordar lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el matrimonio a un íntima comunión de vida y de amor entre ellos, de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 337). Y es bueno recordar esto, porque todos los pueblos, para desarrollarse y crecer como tales, necesitan de la familia, pues es un bien necesario para la sociedad, un fundamento indispensable de la misma, un tesoro de los esposos para toda la vida. Tenemos pruebas y datos que nos permiten afirmar que la familia es una escuela de humanización del ser humano, en la que crecemos y nos desarrollamos hasta llegar a hacernos verdaderamente persona. ¡Cómo no invitar a los gobernantes y legisladores a que valoren el bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al ser humano y a la familia como centro neurálgico de la sociedad! Tengamos el arrojo de reconocer la verdad de la familia cristiana. Y nosotros, los cristianos, proclamemos sin desanimarnos que prescindir de Dios, actuar como si Dios no existiera o relegar la fe al ámbito de lo privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad.
¡No tengáis miedo! Nuestro mundo, también Asturias, necesita que se anuncie y se dé testimonio de Dios, que es amor. Cuento con todas las familias para ello. La experiencia que hemos vivido en un reciente encuentro en Oviedo el pasado 25 de junio, pone de manifiesto que son muchas las familias cristianas que quieren vivir con el estilo de la familia de Nazaret. Tened por seguro que os acompañaré siempre.
la familia transmisora de la fe
Una tarea urgente en las familias es la transmisión de la fe a los hijos; ayudaros para ello de otras instituciones: parroquia, escuela, asociaciones católicas. La familia cristiana asume una misión especial basada en educar a los hijos en la fe cristiana. El lenguaje de la fe se aprende en los hogares; en ellos la fe crece, se desarrolla, se fortalece, se celebra. En la familia cristiana la oración forma parte de lo cotidiano, así como la práctica de los sacramentos. Recordad siempre que ninguno nos damos el ser a nosotros mismos, que nadie recibe nada por sí mismo, que todos hemos llegado a la vida a través de otros. La familia es el ámbito privilegiado para que el hombre nazca con dignidad, crezca y se desarrolle de un modo integral. Cuando nacemos, en la relación con nuestros padres, también recibimos toda una tradición, un patrimonio, que nuestros padres tuvieron el derecho y el deber de transmitírnoslo. Nosotros hemos madurado en la medida que hemos acogido con confianza este patrimonio que fuimos asumiendo progresivamente.
Acoger a Jesucristo, que nos revela el verdadero rostro del hombre tal y como nos lo entrega la fe de la Iglesia, es recibir a quien sabe de verdad de quién venimos, comprendiendo que procedemos del amor de Dios nuestro Padre. ¡Qué belleza tiene la fe cuando la vivimos no como mera herencia cultural, sino como la acción continua de la gracia de Dios que llama y que en la libertad en la que hemos sido creados podemos adherirnos a ella! Queridos padres cristianos: rezad con vuestros hijos, enseñadles a rezar y rezad con ellos; acercarles a los sacramentos, introducidles en la vida de la Iglesia; reuníos para leer la Biblia y dejaos iluminar por esa Palabra.
en manos de la Santina, todas las familias de Asturias
Santina de Covadonga,
después del Encuentro Mundial de las Familias en Valencia,
pongo en tus manos a todas las familias de Asturias.
Ellas te reconocen como Madre y, como tal, las acoges sin condiciones.
Ayuda a todas las familias en las diversas situaciones que viven.
Descúbreles la verdad de tu Hijo y entrégales la luz de Jesucristo.
Haz que yo, como sucesor de aquéllos a quienes tu Hijo
confió su misterio y su ministerio,
sea y me sientan en esta Familia que camina en Asturias,
padre y pastor que acoge y guía;
que ofrece la Palabra y la testimonia,
que crea familia unida desde la comunión realizada en el amor de Jesucristo. Amén
Desde la Santa Cueva de Covadonga, abrazo de corazón a todas las familias y pongo mi vida una vez más a vuestro servicio para entregaros la paz de Jesucristo.
Con gran afecto, os bendigo