El capitán español, Manuel Martínez, no pudo pasar a la mejora en la final europea de lanzamiento de peso al terminar las tres primeras rondas con la novena marca (19,68), sin derecho a continuar hasta la sexta.
Martínez, que había lanzado 20,37 por la mañana en la calificación, debutó en la final con un nulo y continuó con un tiro de 19.68 que le daba momentáneamente el octavo puesto y el derecho a ejecutar otros tres lanzamientos, pero el polaco Tomasz Majewski, con un tiro de 19,85, le desplazó al noveno lugar.
El campeón español disponía todavía de un tercer cartucho pero se quedó en 19,18 metros. Ahí concluyó su actuación. Sólo los ocho mejores, después de tres rondas, disponen de seis tiros.
Como hace cuatro años en Múnich, donde fue quinto, Manuel Martínez, campeón del mundo y de Europa de lanzamiento de peso y bronce en Lisboa 2001, siempre en pista cubierta, volvió a sufrir en Gotemburgo el maleficio que le persigue al aire libre.
Martínez, a dos centímetros del bronce en los Mundiales de Edmonton 2001, cuarto en los Juegos de Atenas, sigue esperando la medalla en un gran campeonato al aire libre, pese a que hace tiempo que convirtió la prueba de lanzamiento de peso, una de las más deprimidas del atletismo español durante décadas, en un concurso atractivo.
Martínez empezó a marcar hitos históricos el año 2001 en Lisboa, donde, en pista cubierta, se convirtió en el primer lanzador español que se encaramaba al podio en unos campeonatos del mundo (tercero con 20,67). Los estadounidenses John Godina y Adam Nelson le precedieron.
Llevaba siete años persiguiendo una medalla en Mundiales bajo techo y dos veces (Barcelona'95 y Maebashi'99) había ganado "la de chocolate", como él mismo define al cuarto puesto.
El año 2000 en Gante (Bélgica), Martínez logró subir a su primer podio internacional al terminar tercero en los Europeos en sala. En los Juegos de Sydney, después de casi un año de inactividad por lesión, acabó sexto, y en los Mundiales de Edmonton se quedó con la miel en los labios, cuarto, a dos centímetros de la medalla.
Sus paisanos leoneses le recibieron, a su regreso de los Juegos de Atenas, con una corona de laurel y una gran medalla de chocolate por su cuarto puesto en el sagrado estadio de Olimpia, escenario de los Juegos de la era antigua.
Nunca olvidará su sexto lanzamiento en Olimpia: "Siempre suelo dar la talla y lograr los éxitos en él último tiro, y cometí un error técnico garrafal en la salida que fue irrecuperable, echando por tierra cualquier opción en una de las mejores competiciones de mi carrera, por su regularidad", recordaba.
Un año después su experiencia fue más decepcionante, como casi siempre al aire libre. En los Mundiales de Helsinki el capitán fue el primer atleta español eliminado, al terminar la calificación con una marca de 19,55. Dos años antes, en París, tampoco había llegado a la final.