La espectacularidad de las rehabilitadas pinturas murales de la basílica menor del Sagrado Corazón ha sorprendido tanto a los cientos de fieles que acudieron ayer a la reinauguración del templo como a los máximos responsables de la Iglesia asturiana y de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa y Atilano Rodríguez, quienes también destacaron la multitudinaria asistencia a la eucaristía y la aportación económica de los gijoneses a tan importante obra.
Media hora después de terminada la misa cantada con la que se retomaba el culto en la Iglesiona, aún muchos ciudadanos permanecían en el interior del templo admirando el conjunto, mientras que otros accedían al mismo para conocerlo. Rafael Alonso fue rotundo al considerar que la basílica «ahora se ha convertido en un monumento». Si bien considera que «se tardó mucho en la obra», piensa que «el resultado ha sido muy positivo. Las pinturas estaban muy sucias y no se veían bien, pero siempre dijeron que las había. Es un gran trabajo, porque la Iglesiona tiene mucha raigambre en Gijón».
Julia Cantera es una de las muchas personas que acudió a la eucaristía y se quedó bastante tiempo para contemplar las pinturas: «No hay palabras para describirlo. No pensaba que durante el día las cristaleras fueran tan preciosas. Sigo aquí y no me quiero ir. Estoy contentísima».
«Estamos orgullosos»
También encantada se mostraba su amiga Angelines Velasco, para quien la rehabilitación ha sido «un trabajo fuera de serie que se ha conseguido gracias a la colaboración de muchas personas para conseguir esta maravilla y dar culto al Señor». Velasco añadió que «estamos muy orgullosos de tener la iglesia tan hermosa».
Alberto Sánchez acudió a ver el templo en compañía de sus dos hijas. Este gijonés ya conocía la Iglesiona «de pequeñito. Ya era muy bonita, pero ahora está mucho mejor. Las pinturas son las mismas de siempre, pero ya tienen muchos años y ahora las podemos ver como nuevas. Mis hijas me preguntan por qué la iglesia está tan negra por fuera, pero eso ya es lo de menos».
«Una maravilla»
Grandes hombres de la Iglesia, como el obispo administrador diocesano de Oviedo, Raúl Berzosa, o el obispo de Ciudad Rodrigo y ex rector de la Iglesiona, Atilano Rodríguez, también se vieron sorprendidos por el resultado de la rehabilitación. El primero indicó: «La he visto cuando no había nadie y con la luz natural me ha parecido una maravilla. No creía que sin hacer restauración de las pinturas a fondo, sino sencillamente limpieza, iba a recuperar el esplendor que tiene».
Pero a Berzosa no sólo le sorprendió el acabado interior del edificio, sino también la respuesta ciudadana: «Al salir a la misa me he emocionado al ver la cantidad de gente, porque era una ola, una verdadera marea, que impresiona. Se ve que en Gijón la basílica y el Corazón de Jesús tienen algo especial».
En cuanto a Atilano Rodríguez, hizo una reflexión en plena eucaristía al ver cómo había quedado un templo en el que él pudo comprobar tiempo atrás su mal estado. «Estaba pensando que la redención del mundo viene por la muerte y la resurrección de Jesucristo y pensaba también aplicado a la rehabilitación de la iglesia cómo en los primeros momentos, cuando empezaron las grietas y los problemas de la cimentación, algunos pasamos por muchos momentos de sufrimiento y de impotencia por no ver una salida posible a esa situación. Para mí, es un día de resurrección, de gloria, de gran alegría al comprobar cómo mediante los esfuerzos conjuntos de los asturianos, de los gijoneses y de las instituciones ha sido posible el milagro».