
La idea es muy simple, «una sociedad en la que cada persona tenga una pequeña fábrica en casa», pero tiene implicaciones a todos los niveles. El principal problema giraría en torno a la consecución de los materiales necesarios para la creación de los objetos, consistentes, básicamente, en nuevos plásticos a partir de productos transgénicos. En función de la propiedad o los derechos sobre estos materiales, se podría dar la paradoja de que «en una sociedad donde la energía y la fabricación estarán cada vez más distribuidas, corremos el peligro de que las materias primas podrían estar cada vez más concentradas», apuntó De Ugarte. Según explicó, esto obliga a replantear algunas preguntas que se pensaban superadas, como la reordenación de los recursos naturales y la revolución agraria. «No podemos dejar que se produzca un monopolio de facto sobre las materias primas del futuro que repitan el actual monopolio del petróleo«, alertó el experto.
Otro de los problemas que se podrían dar gira en torno a la propiedad intelectual, ya que la libertad de crear objetos propios podría chocar contra las ideas ya patentadas. La respuesta que se dé a estas cuestiones dibujará dos realidades bien diferentes. «Podemos crear una sociedad donde de verdad desaparezca el consumismo, una sociedad más limpia y respetuosa con el medio ambiente, pero también se puede dar todo lo contrario», avisó De Ugarte.
Su conferencia telemática fue uno de los platos fuertes de unas jornadas que en estos días trataron de reflexionar acerca de la utilización de procedimientos ecológicos en toda la cadena que forma la vida de un producto, desde su diseño hasta su reutilización o reciclaje, tal y como explicó Rubén Suárez Fernández, de la asociación Jóvenes por la Ecología, organizadora de esta cita en colaboración con la Escuela Superior de Arte y el Instituto Asturiano de la Juventud. Suárez explicó que la intención es que las jornadas se repitan de manera anual.





