Su responsable, Carlos García-Ochoa, cree que detrás de este retraimiento masculino existe un fenómeno casi social: «los hombres, incluso los jóvenes, se han vuelto más conservadores, todo lo contrario de las mujeres, cuyo programa de donación de óvulos es todo un éxito».
Pero detrás del «alarmante» descenso de las donaciones de semen podría haber también una causa económica. Dar semen para su uso por parte de parejas con problemas de fertilidad o mujeres solas que buscan ser madres, ya no resulta tan atractivo para los jóvenes. Las clínicas de fecundación in vitro sólo pueden pagar 600 euros a los donantes, que deben 'aportar' entre 15 y 20 eyaculaciones a lo largo de tres meses (a una media de dos por semana).
Esta tarifa fue establecida por la Comisión Nacional de Reproducción Asistida allá por 1999 y jamás volvió a ser revisada, explica este andrólogo. García-Ochoa aboga por aumentar la compensación económica, pero insiste en que debe ser una decisión consensuada por todas las clínicas del país y liderada, «por supuesto», por la Comisión Nacional de Reproducción Asistida.
Para ser donante de semen sólo es necesario ser mayor de edad y gozar de un estado de salud físico y psíquico «normal». Los donantes son sometidos a rigurosos controles médicos. De hecho, las muestras de semen no son utilizadas hasta casi un año después de ser donadas, ya que antes deben ser sometidas a pruebas de detección de enfermedades, muchas de las cuales se deben repetir a los seis meses.





