
El trabajo se apoya en una técnica innovadora que, de momento, sólo se ha aplicado en ratones. La novedad estriba en la forma en que los islotes son implantados, ya que para evitar el rechazo inmunológico, principal causa de fracaso en los trasplantes, se emplea piel autóloga, es decir, del propio ratón. El tejido dérmico es cultivado en laboratorio y allí se le incorporan los islotes de páncreas. La investigación, que deberá saltar ahora a la fase clínica (en humanos) podría abrir nuevas y mejores perspectivas de aplicación en los trasplantes de islotes pancreáticos que el Hospital Central inició, hace poco más de un año, en la persona del gijonés José Manuel Fuertes.
Menos agresiva
La fabricación y uso de parches de piel que generen insulina es una técnica «mucho menos agresiva que la actual», explicaba Meana, en la que los islotes pancreáticos (los que generan la insulina) son transfundidos al paciente a través de una punción que se le practica a la altura del hígado.
«La idea es muy original y parece fácil de hacer ya que disponemos de toda la técnica necesaria», afirmaba el jefe de la Unidad de Ingeniería Tisular. Eso sí, aún quedan muchos pasos por dar. La mera tramitación de este ensayo clínico podría llevar del orden de un año. La Unidad de Trasplantes y Terapia Celular deberá elaborar el protocolo de actuación y enviarlo para su tramitación al Comité de Ética del Central. Asimismo, y como se trata de usar un producto farmacológico (el parche de piel) se requeriría, a su vez, de la autorización expresa de la Agencia del Medicamento, como ocurre con el resto de ensayos con células madre que tienen actualmente en marcha o en proyecto el HUCA.
En el caso de los pacientes con diabetes, el proceso sería muy similar al llevado a cabo en ratones. Se fabricaría en primer lugar parches con piel del propio enfermo. Esto contribuiría a reducir el porcentaje de rechazo que actualmente conlleva el tradicional trasplante de islotes pancreáticos procedentes de donante. Tras su procesamiento en laboratorio, se transfundirían al implante de piel los islotes de páncreas. Ese material, una especie de 'tirita', se colocaría debajo la piel del paciente diabético, bien en el abdomen o en el antebrazo (la zona aún no está definida).
Proyecto pionero
El parche actuaría como si se tratara de un páncreas, produciendo así la insulina de la que carecen los enfermos diabéticos. Actualmente, hospitales y grupos de investigación de diversas partes del mundo estudian diferentes métodos para mejorar el trasplante de islotes de páncreas. De momento, nadie se ha animado con parches de piel, como hará el HUCA.
La referencia más inmediata que el Central tiene acerca de los trasplantes pancreáticos está en José Manuel Fuertes, el gijonés de 50 años, al que se le transfundió el 21 de diciembre de 2006 los islotes del páncreas de un donante fallecido. Aunque José Manuel no pudo abandonar la insulina que religiosamente se inyecta desde hace 22 años, tras el implante practicado en el HUCA su enfermedad se ha visto mermada y sus pinchazos, también.
En Asturias, cada año, 7.000 personas se convierten en diabéticas, pasando a depender, buena parte de ellos, de la insulina. Esta enfermedad afecta en Asturias a la salud y calidad de vida de 90.000 personas mayores de 30 años, aunque sólo la mitad se reconoce enfermo. El resto, es decir, 45.000 asturianos, ignora que su páncreas tiene dificultades para producir insulina y, por ende, para controlar los niveles de azúcar en el organismo, lo que en opinión de los expertos «es una peligrosa bomba de tiempo».
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