
Para evitar que la temperatura interior aumente aunque sólo sea un grado y provoque un mayor descenso en el índice de humedad de la caverna, las autoridades competentes han decidido rebajar el cupo diario de visitantes durante las primeras semanas de esta nueva temporada. Sólo se permitirá la entrada de 250 a 260 personas diarias. Según Balbín, la situación «no es grave, aunque si la sequía persiste puede empeorar». Las crecidas invernales del río San Miguel son el mejor regulador natural para las condiciones ambientales de la cueva, pero las dos últimas estaciones del año han transcurrido sin avenida alguna. La situación sólo se puede salvar si la primavera viene lluviosa. En caso contrario el recorte se mantendrá durante toda la temporada. Si la sequía persiste podría incluso aumentarse.
Las intenciones futuras de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias pasan por rebajar al máximo las visitas a la cueva natural, reducción que se aplicará en cuanto el Centro de Arte Rupestre abra sus puertas al público dentro de tres años. Entre tanto, para este año, coincidiendo con las celebraciones del cuarenta aniversario del descubrimiento de la cueva, la consejería quiere introducir mejoras sustanciales en el contenido de las visitas. No se descarta abrir al público alguno de los espacios hasta ahora reservados para los investigadores. Tanto en Tito Bustillo como en el resto de cuevas diseminadas por el Macizo de Ardines existen rincones que pueden ser muy atractivos para el público en general.
Hasta ahora, todas las visitas se limitan a recorrer el kilómetro de longitud existente entre la entrada y el llamado Panel Principal (Conjunto X), donde se localiza una compleja secuencia estratigráfica de representaciones superpuestas grabadas y pintadas. Un panel en el que han llegado a distinguirse hasta nueve fases sucesivas de actividad artística, con evolución técnica e iconográfica. En este panel se localizan pinturas rojas y negras, destacando la popular cabeza de caballo, enseña de esta cueva riosellana, además de una amplia colección de equinos, renos, otros rumiantes, signos, símbolos y manchas de color rojo.
Enigmático rincón
En el camino, y cerrado a las visitas por su complicado acceso, se encuentra el Camarín de las Vulvas (Conjunto III), único en su especie dentro del arte parietal europeo. Éste está emplazado en una vistosa hornacina elevada sobre el fondo de la galería principal. En él aparecen varias representaciones del órgano sexual femenino junto a dos estilizaciones del torso también femenino. Un lugar que en la antigüedad pudo utilizarse como paritorio, aunque tampoco está confirmada su simbología. Pocas fueron las personas que han tenido ocasión de ver y contemplar este enigmático rincón. Seguro que tampoco ahora se abre al público, pero su exacta reproducción quedará expuesta en el futuro museo. A la espera de visitas también se quedan las galerías de Los Bisontes y Los Antropomorfos y otras cuevas ubicadas en el macizo, La Llostea y Les Pedroses donde están catalogados varios herbívoros a los que les faltan sus cabezas. Lo que tampoco variará es el precio -cuatro euros para los adultos y dos para los niños y los mayores de 65 años- y las pinturas, eternas.
Otras cuevas
Por otro lado, la Consejería de Cultura y Turismo del Principado abrirá mañana al público las cuevas de la Lluera, en San Juan de Priorio (Oviedo), y de la Peña de Candamo. Ambas cavernas podrán ser visitadas hasta el próximo 30 de marzo, coincidiendo con el período de Semana Santa. Esta es la primera vez que se permiten visitas en La Lluera, considerada por los expertos como el más completo santuario exterior de arte paleolítico de Europa, según informó el Principado a través de una nota de prensa.
Asimismo, la Consejería de Cultura ampliará las visitas, hasta ahora restringidas al periodo veraniego, en la cueva de Candamo dada la alta demanda de visitantes y la buena conservación del interior de la caverna, que junto a las de Tito Bustillo, Covaciella, Llonín y Pindal aspira a figurar en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La cueva de La Lluera I fue descubierta en la década de los setenta y presenta una 'gran hornacina' con representaciones de uros, ciervas y caballos, fundamentalmente.





