
Valentín Suárez e Irene Sánchez, padres de la adolescente, aseguran en una carta remitida a EL COMERCIO que sienten «impotencia» ante la posibilidad de que «esta barbarie quede impune». Afirman que a la vista de las lesiones de la chica, de 16 años, no se explican cómo pudo sobrevivir al ataque de un «energúmeno». «La agredió físicamente de forma tan brutal que si no es porque ella logra escapar, tal vez la acabase matando o dejándola en un estado físico irrecuperable».
Los hechos a los que hacen referencia ocurrió el pasado sábado, en torno a las ocho de la tarde, en la zona del paseo de la playa de Luanco. La violencia empleada por el agresor originó que, de manera espontánea, algunos de los testigos intervinieran para separarlo de la chica y reducirlo hasta la llegada de las fuerzas de seguridad. El joven, vecino de Candás, fue detenido por agresión e intento de violación.
Los padres aseguran que el daño causado a su hija es tanto físico como psíquico. La chica tiene «la cara deshecha, la nariz rota y el cuerpo lleno de moratones y mordeduras». Pero el mayor daño es el moral «ante la actuación de una justicia que no hace justicia y que permite que el agresor, culpable y confeso, se vaya a su casa», concluyen.
«Un desalmado»
Tanto Valentín como Irene recuerdan que el papel de los padres es el de concienciar a sus hijos, «pero ocurre que un desalmado como Borja aparece en escena, con su brillante expediente, con su buena pinta, y resulta ser un desequilibrado que ante una negativa da rienda suelta a su represión y a su violencia», relatan los padres de la menor antes de insistir en que «este energúmeno merece un castigo severo ya. No hay que esperar al juicio».
Los padres consideran que «alguien que emplea la violencia gratuitamente, haya bebido o no, haya tomado drogas o no, no tiene ninguna justificación y sólo queda pensar que en su cabeza las cosas no funciona muy bien. Y alguien así no puede campar a sus anchas entre la gente civilizada».
También critican la actuación del Tribunal de menores que, dicen, al amparo del equipo psicosocial interpreta que lo mejor es que el causante de la brutal paliza «esté con sus padres, tan preocupados hasta ahora en su educación». Mientras tanto, añaden, el autor de la paliza de su hija «alega que no recuerda nada y que no sabe lo que pasó, que no era él, obviamente por lecciones de su abogado».
Para los padres de la menor es denunciable también que todos los responsables de la seguridad anuncien que se tomarán medidas, cuando la realidad es que «es de todos sabido que existe violencia en las zonas donde concurren los jóvenes». Y señalan que «con sólo dos guardias civiles y dos policías locales no se puede detener este tipo de acciones».





