A falta de saber lo que decida el juez de Toledo, una cosa sí ha quedado meridianamente clara. Cuando lo que se pretende es amordazar a la prensa, no hay medio, ni abogado, que no se apresure a defender la libertad de expresión. Mejor que pedir medidas cautelares, hubiera sido desenvolverse con toda naturalidad hasta que amainase el temporal, tal y como hace el resto de la familia, en concreto sus abuelos maternos y su propia madre. Saber adaptarse a las circunstancias es difícil, pero no imposible, más si quien puede pagar los platos rotos es la mismísima Princesa de Asturias.





