
En Oviedo, Córdoba muestra trabajos de su proyecto 'Un lugar secreto', desarrollado con una beca Cajastur y que estos días presenta también una obra dentro de la colectiva 'Arte AlNorte', en el Palacio Revillagigedo. Córdoba continúa fiel a una línea discursiva centrada en el cuerpo femenino que ahora mira también a la naturaleza, con escenografías más teatrales. Se vale de formatos seriados, mediante imágenes digitalizadas que mantienen sus fuentes 'procesuales' y establecen un diálogo entre la sociedad y la identidad de la artista, protagonista de los retratos. La idea del cuerpo fragmentado y sus relaciones con el lenguaje plástico, audiovisual o escrito, es el hilo conductor de estos excelentes trabajos.
-'Un lugar secreto' responde a un proyecto amplio y complejo, que recoge el trabajo de Soledad Córdoba en los últimos años.
-Sí, podríamos decir que es un proyecto 'extendido', que reinventa las ideas y obsesiones con las que vengo trabajando. En esta ocasión, 'Un lugar secreto' va más allá de la representación del cuerpo y viaja a las profundidades de uno mismo, donde la realidad y la ficción se confunden ofreciendo la posibilidad de transcender como ser humano. Esto me inquieta enormemente, la utilización inconsciente de recurrir a mecanismos casi 'mágicos', que hacen que se pueda huir de lo que nos rodea para experimentar nuevas realidades. Además, creo que este proyecto está más ligado a la naturaleza, que se complementa y se une con el cuerpo. Es un guiño a lo fantástico y por supuesto, un lugar de escape y experimentación.
-¿Diría que es una serie más 'pictórica', con algunas soluciones inspiradas en la tradición y con técnicas renovadas?
-Las imágenes, sin duda, están concebidas con una visión más pictórica, lo que hace que la fotografía deje de ser un mero documento para transformarse en una nueva imagen, en otra realidad. Me interesan mucho los procesos postfotográficos e, inevitablemente, no puedo prescindir de ellos. Hacen posible lo imposible.
-Hay un homenaje velado a la historia, con el empleo de luces renacentistas y composiciones de tendencia barroca. Pero, ¿cuáles son sus referencias más cercanas?
-Es inevitable tener presente a los grandes maestros de la pintura, pero obviamente me apasionan artistas más contemporáneos, como las imágenes enigmáticas de Francesca Woodman y la obra de Gregory Crewdson.
-La evolución de su trayectoria en los últimos seis años ha sido intensa y fructífera. ¿Cómo la percibe personalmente?
-Muy satisfactoria, aunque en el camino ha habido momentos buenos y malos que me han hecho tomarme muy en serio mi carrera.
-Está en contacto con el panorama artístico, principalmente entre Madrid y Asturias. ¿Cómo advierte la situación de la fotografía en el circuito nacional y, concretamente, entre los creadores más jóvenes?
-La fotografía sigue viva y como medio de expresión todavía tiene mucho que ofrecer, igual que el videoarte. Pero los jóvenes tienen que ser muy serios con sus propios proyectos, desarrollándolos de la forma más profesional posible, para que se les tome en serio.





