Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Más deportes

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Un nido de cámaras aguarda apostado a la puerta de la caravana que hace de sede del control antidopaje. Una escena habitual en la ronda francesa. Los árboles juegan con el sol y la sombra sobre el asfalto. Todos esperan. Y sólo disparan cuando aparece Valverde. Quieren esa imagen. Por lo que pueda pasar.
Hace tiempo que en las tarjetas de memoria de los fotógrafos del Tour están archivadas las instantáneas de los líderes saliendo de ese vehículo. Sirven luego para ilustrar los escándalos. Desde hace una década es siempre igual. Fotografiar por si acaso.
A Valverde, no le preguntaron nada sobre dopaje en la víspera del Tour. Pero sí ayer. «Sin comentarios», respondió con voz templada cuando le recordaron su relación con Eufemiano Fuentes -fue su médico en el equipo Kelme-. Luego le hablaron del fiscal del Comité Olímpico Italiano que había amenazado con llamarle a declarar al paso del Tour por Cuneo (Italia). «Antes parecía que me iba a llamar. Pues ningún problema. Yo, encantado de declarar. Ahora dice que no me llamará. Pues encantado también».
Hace un año, en la rueda de prensa como ganador del Tour, Alberto Contador, deletreó una sentencia: «Soy sospechoso porque soy el líder del Tour». Valverde comenzó a escalar ayer el puerto oculto del Tour: la presión mediática. Hay que salvarla para empaquetar la carrera. Lo hizo durante siete años Armstrong. Y durante siete días Contador en 2007. A Valverde le quedan tres semanas. Son las servidumbres del liderato. Un premio y un castigo. Cuando pasaron las dos preguntas sobre la 'Operación Puerto', regresó la sonrisa del murciano.
«Es muy pronto para coger el maillot amarillo, pero me da moral a mí y al equipo para afrontar lo que falta del Tour», dijo. «Vamos a tratar de conservarlo, pero sin desgastarnos en exceso. Lo importante es llegar a París de amarillo». Ambicioso. Feliz: «Ha sido un esprint increíble». Solidario: compartió su victoria con los suyos. «Siempre ha habido un compañero tirando para que la escapada no se fuera. Y luego, en la última cuesta, Iván Gutiérrez me ha subido del puesto treinta hasta arriba. Me han ayudado a ganar». A ser líder del Tour. Como Contador acabó en 2007. «Ojalá Alberto estuviera aquí. Merece este maillot amarillo», concedió.
Desde el caso 'Festina'
Valverde ha cumplido ya una de las sus dos misiones: la victoria de etapa. Le queda la otra: un lugar en el podio. «De la meta de hoy -por ayer- no se pueden sacar conclusiones. Era ideal para mí. Me iba mucho mejor que a Evans o Menchov. Sé que en la montaña será mucho más difícil», señaló.
En los puertos de asfalto y también sobre la tarima de las ruedas de prensa. Es lo que tiene ser el líder del Tour desde el 'caso Festina'.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS