La mezzosoprano canaria Nancy Fabiola tuvo un sueño juvenil, actuar en el Metropolitan Ópera House de Nueva York. Y ese sueño se cumplió en 2005, interpretando el papel de 'Carmen', de Bizet, que el próximo sábado 12 de julio, se representará en la plaza de toros de Gijón. Considerada la heredera de Teresa Berganza, Nancy Fabiola ha recibido toda suerte de rúbricas entusiastas por parte de una crítica especializada que la sitúa entre las mejores cantantes del mundo en su cuerda.
-'Carmen' fue estrenada en la Opéra Comique de París, en 1875. ¿Cómo la recibió el público entonces y de qué modo la acoge en la actualidad?
-Yo no estuve en el estreno de 1875 (ríe), pero una mujer que proclamaba la vida en libertad y fumaba en el escenario, produjo un gran escándalo. Ahora esa actitud ya nos resulta más familiar, se parece más a la vida de hoy. Pero continúa siendo un ejemplo de persona con una enorme voluntad de libertad, incluso ante la muerte. Es una de las óperas que ha mantenido siempre encendido el interés a través de los siglos. Y no sólo por su belleza musical, sino por la literaria.
-¿Cuál es su visión personal de la protagonista?
-Es una mujer llena de fuerza, a la que le importa sobre todo vivir el momento. Lo pasado, pasado está. Y lo que ha de llegar, puede esperar. Es práctica y deja con facilidad lo que tiene para hacer lo que le apetece. La vida y la muerte están muy ligadas a su alrededor, pero la inminencia de la muerte no le impide disfrutar de la vida. Es un personaje muy rico, tierno, alegre, dramático. Es una mujer-gato, que saca las garras si se la provoca. Y tiene una gran capacidad de seducción innata. A los hombres les atrae por su voluptuosidad, porque les intriga y porque es un fruto prohibido.
-Un crítico mexicano escribió, tras su representación en aquel país, que no era Nancy quien se encarnaba en Carmen, sino Carmen en Nancy... ¿Hasta dónde llega la identificación?
-Carmen me ha enseñado muchas cosas. Desde el momento en el que conocí que existía, me enamoró el personaje, me fascinó. Pero, bueno, en la simbiosis, yo creo que es Nancy quien se encarna en Carmen (vuelve a reir).
-¿Importa la figura para componer al personaje?
-Yo quisiera decir que no, pero en este mundo mediático que vivimos, la verdad es que sí. Otros personajes son más fáciles de camuflar, pero Carmen es tan característica que lo físico ayuda bastante y predispone al público a creer su historia.
-¿Cuánto tiene de actriz la cantante de ópera?
-Hay que hacer un balance. La interpretación actoral es fundamental, sin sacrificar la voz. Yo estudio los aspectos psicológicos del personaje, la época en la que vivió, el lenguaje corporal, la historia personal... Se ha de lograr un equilibrio entre la cantante y la actriz.
-De joven soñó que un día cantaría en el Metropolitan Ópera House de Nueva York. Y ese día llegó. ¿La realidad supera los sueños?
-Soñé esa realidad siendo jovencita. Y cuando me vi en la situación, caí en un estado de ensoñación. Lo comparo a esa fase de muerte clínica en la que contemplas una gran luz al fondo de un túnel y en unos segundos ves pasar la película de tu vida delante de ti. Piensas en todas las personas que te ayudaron a llegar hasta allí. Sientes una inmensa gratitud. La realidad supera tus sueños. Es algo muy intenso.
-¿Técnica o inspiración?
-Primero, la técnica. Con inspiración, si vas sobrado de medios, te dejas llevar y puedes incurrir en incorrecciones y hacerte daño en la voz. La inspiración es la guinda de la tarta, la figurita deliciosa, pero previamente son necesarios los ingredientes de la técnica.
Teresa Berganza
-¿Cómo asume las comparaciones con Teresa Berganza?
-Como un honor. Pero, al final, Teresa será Teresa y yo seré yo. A mí me parece una cantante maravillosa de la que siempre tendré que aprender.
-Ha compartido escenario con Plácido Domingo -y volverá a hacerlo el próximo año, en la ópera inédita 'El cartero de Neruda'-. ¿Qué sensaciones le produjo la experiencia?
-Plácido Domingo es un clásico y la experiencia sólo se puede recordar como extraordinaria. Contribuye a que crezcas. Es un ser muy humano que se entrega totalmente y posee un carisma y una energía que envuelve a todos los que le rodean.
-En su blog de internet -que interrumpió en 2007- manifiesta un cariño especial por México. ¿Qué le atrae de aquella tierra?
-De pequeña, mi padre me cantaba piezas de Javier Solís, de Los Panchos, de las películas de Jorge Negrete. Era un apasionado y me contagió. Después, cuando conocí el país y a la gente, que rezuman alegría, bondad y respeto, la pasión se hizo definitiva. Por cierto, el blog lo reanudaré pronto, ha sido el trabajo el que me obligó a interrumpirlo.
-¿Conoce Asturias?
-Estuve participando en un concierto de Mahler, hace años. Y cuando era estudiante de la Escuela de Turismo, me pareció un lugar hermosísimo. Voy con muchas ganas.