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Sociedad

LOS DATOS

El uso de tatuajes por parte de cantantes, actores y deportistas aleja a este mundo de lo subversivo y clandestino. Lo que antes era de macarras ahora es de modernos
07.07.08 -

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Antes era de macarras, de chicos malos y de viejos lobos de mar con amores portuarios a los que no se volvía a ver. Ahora es de modernos. El mundo de la estética ha sufrido una revolución en la que el tatuaje ha extendido sus redes y ha dejado de ser una marca de subcultura. Considerada hasta hace no mucho un adorno corporal de dudoso gusto, la moda de tatuarse alcanza ámbitos desconocidos como la alta dirección de empresas. Hasta los más refinados ejecutivos se atreven a modificar la huella que la naturaleza ha imprimido sobre ellos y los lucen con orgullo en brazos y tobillos, sin preocuparse de si el adorno compagina bien con el traje de chaqueta y corbata que deben llevar entre semana. Y aunque oficialmente no hay datos sobre el número de personas que se dedica a realizar tatuajes en España, algunos profesionales aventuran una cifra que oscila entre 6.000 y 7.000.
A la aceptación social del tatuaje ha contribuido el uso que han hecho de estos 'aditamentos corporales' adinerados cantantes, actores y deportistas, a quienes parece encantarles esta mezcla de diseño y simbolismo en sus carnes. Algunos con pasado turbulento, otros no, lo cierto es que acuden con regularidad a los salones de tatuajes y han provocado el nacimiento de un negocio de alto nivel, con buenas condiciones sanitarias, técnicas innovadoras y diseños rompedores. Y todo, ante el recelo de los padres de medio mundo, temerosos de que sus niños sigan los pasos de sus ídolos y estampen unos caracteres indelebles, un ancla en el antebrazo, un 'amor de madre' en el pecho, un delfín en el lóbulo de la oreja, una cenefa o una voluta poco inocente como gesto de platónico romanticismo.
Algunos son fascinantes, mágicos, sacados de algún rincón de la mitología. Otros son groseros y brutales, demonios, dragones y un amplio muestrario de calaveras tétricas que parecen talladas a sangre en alguna celda de mala muerte. Los hay horteras y cutres, como el torito que se hizo pintar en el trasero Belén Esteban cuando su relación con Jesulín de Ubrique iba por buen camino; o como el corazón que, en su arrebato de amor por Antonio Banderas plasmó Melanie Griffith en medio de su bíceps. Otra actriz, Angelina Jolie, mantiene un diálogo abierto con sus tatuajes, que ya parecen una parte de su propia persona. Se los hace, se los queda, se los quita y se los tapa con otros cuando renace a otra fase. 'Alejandrina', que no Angelina, es el nombre del mágico láser que fulmina la eternidad de estas líneas y, en el caso de Jolie, desvirtuó el nombre de su ex esposo, Billy Bob Thornton, de su hombro izquierdo y del labio vaginal derecho. «Borrarlo de allá abajo fue mucho más doloroso que la separación», dijo ella.
Así y todo, mantiene otros trece. En su hombro izquierdo, la latitud y longitud de los sitios de nacimiento de sus hijos. Un 'Conoce tus derechos' en inglés bajo la nuca. Un 'Lo que me alimenta también me destruye' en latín sobre la tripa. Un tigre asiático en la parte baja de la espalda... En otra persona, algunas de estas ideas serían una 'frikitada', pero en ella es «sexy». También el cantante colombiano Juanes ha confesado que la tinta incrustada en su epidermis representa etapas vitales. «Una 'j', por el nombre de mi padre, Javier; un ojo, la ventana a mi alma; y una cabeza de toro, el poder que tenemos dentro».
Anatomía de Deep
Parco en palabras, Johnny Deep se expresa largo y tendido con los doce tatuajes que cubren su anatomía. Podrían muy bien sustituir a su guardarropa... si el clima fuera más benigno. El primero que se hizo, a los 17 años, en la parte superior de su brazo derecho, dibuja la cabeza de un indio americano, un homenaje a su ascendencia 'cherokee' por parte materna. En el otro brazo precisamente, el nombre de su madre, Betty Sue, escrito en el centro de un corazón y con lazos circulares alrededor. Hay más nombres: Lily Rose, su hija, en el pecho, y Jack, su hijo, en el antebrazo derecho. El de 'Winona forever' (Winona para siempre), lo cambió por 'Wino forever' al separarse de la actriz Winona Ryder.
Abdomen, nuca, dedos de los pies, brazos, espalda y muñecas lucen gritos contra la uniformidad en el cuerpo de la norteamericana Britney Spears. La inquietud del marcar la tiene también Penélope Cruz. La actriz lleva tatuado en el tobillo el número 883. Se dice que, además de supersticiosa, es fanática de la numerología, pero sólo ella conoce lo que esta rúbrica «talismán» esconde. En cambio, la 'desesperada' Eva Longoria es un libro abierto; luce en el cuello el número de dorsal de su marido ('nine'-nueve), el jugador de baloncesto Tony Parker. Más referencias a su amor las podemos ver en su muñeca -la fecha de su boda, 7 de julio de 2007-. Y también las podemos imaginar «en un lugar al que sólo Parker tiene acceso». En esas pulgadas de semejante sitio alteradas figuran las iniciales 'TP'.
Bajo la ropa
Y es que, por lo general, los tatuajes permanecen escondidos bajo la ropa hasta que los 'paparazzi' los sacan a la luz. Nueve veces ha dejado David Beckham que una aguja inyecte tinta en su piel. La última de ellas le costó un disgusto con la Prensa de su país. Los medios dijeron que parecía un 'hooligan', que más que un jugador de fútbol tenía pinta de matón. Todo por tatuarse una cruz alada en la nuca, uno de los pocos centímetros cuadrados de su cuerpo donde aún le queda espacio para dibujar. Su padre tuvo varios tatuajes y por eso él siempre tuvo el deseo de hacérselos.
Su cuerpo es hoy un gran escaparate en el que luego se fijan sus seguidores. Recorramos las filigranas que adornan su piel tintada, que las hay de todos los estilos. Tribales, familiares, religiosas, atrevidas, en la nuca, en el pecho... En la espalda, combina los nombres de sus vástagos protegidos por un ángel guardián con referencias a Cristo en latín. El de su esposa, en caracteres hindús, en su antebrazo izquierdo. Tiempo después añadió la frase en latín 'Ut amem et foveam' (Para la persona que quiero y venero). En su antebrazo derecho ha copiado la enseña que tiene Michael Schofield, el protagonista de la serie 'Prison Break'. El artista británico Louis Malloy ha sido el creador de la mayor parte de estas siluetas, y ha llegado a interponer una denuncia a su modelo por la presunta explotación publicitaria que el inglés ha hecho de su repertorio de pigmento bajo la piel.
Víctima y a la vez propagador de una fiebre que contagia a sus admiradores hay muchos más deportistas. El futbolista Guti siente como amuleto esa figurita del Mago Merlín en el tobillo. El ex campeón mundial de todos los pesos, Mike Tyson, siempre ha sido un tipo duro, pero desde que se hizo el tatuaje maorí alrededor de su ojo izquierdo, su mirada te hiela.
¿Y quién se atreve a decirle que le queda mal? Los académicos de la Universidad de Auckland, sí. Le han hecho llegar su preocupación por apropiación «indebida de los tatuajes tradicionales de los aborígenes neozelandeses». En cambio, en una mujer como Anna Kournikova, sexy por contrato, los tatuajes no podían ser más que sensuales. El tribal que luce en la parte baja de la espalda fue un secreto durante sus años en activo. Alejada de la pista lo luce sin disimulo.
Se rumorea que el texto élfico exclusivo para amantes de Tolkien que lleva Fernando Torres -es uno de los más llamativos que lleva- está escrito con faltas de ortografía. El de Severiano Ballesteros es un caso extraordinario. A pesar de su edad, el mejor golfista español de todos los tiempos ha decorado su brazo 'bueno' con su propio perfil. Un gesto poco habitual en los deportistas maduros que, en su caso, parece venirle incluso bien, ya que, de paso que enseña el tatuaje promociona una línea de ropa con su imagen. Otro de los que tampoco ha podido resistirse a la tentación de la aguja ha sido Michael Schumacher. El heptacampeón mundial de Fórmula 1 decidió tatuarse un tribal en su brazo derecho.
Para extravagancias, las de Cher, la primera mujer glamourosa que mostró en televisión sus estratégicamente bien colocados tatuajes. «Cuando yo me los hacía, sólo las chicas malas lo hacían. Janis Joplin, yo y las chicas rebeldes en motocicleta. Ahora ya no significa nada», se le ha oído decir. Con cada nuevo dibujito, Cher se sentía «independiente». «Era mi insignia». Como con esas alas que tiene dibujadas, una en cada nalga. Sepan que si se engorda, el dibujo se hincha y deforma. Y en el glúteo igual.

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