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Por quinto año consecutivo, la galería gijonesa Van Dyck presenta una exposición que trata de mostrar la heterogeneidad creativa de varios autores nacionales
19.07.08 -

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Ayer se inauguró en la galería gijonesa Van Dyck una nueva edición de la exposición 'Jóvenes valores del arte contemporáneo', que se viene presentando cada verano desde hace cinco temporadas. En esta ocasión, la muestra incluye siete jóvenes procedentes de distintas latitudes.
Los responsables de la sala señalan que su particular apuesta "huye de modas y provocaciones tan efímeras como mediáticas", proponiendo ello un conjunto dispar, que se nutre del eclecticismo y del oficio. Según su también joven directora, Aurora Vigil-Escalera, la propuesta trata de enseñar la "tendencia y salida de excesos contemporáneos cada vez menos convincentes".
Más pintura
La pintura es la protagonista del conjunto, aunque se exhiben también varias fotografías en blanco y negro de Juan Vaquero (Madrid, 1978), delicadas y nostálgicas, homenaje a su abuelo Vaquero Palacios, y una escultura en madera de David Morago (Mdrid, 1975). El dibujo y la sobriedad cromática son las virtudes más evidentes en este creador, que ya participó en anteriores colectivas. Junto a él está Carlos Tárdez (Madrid, 1976), otro joven habitual en Van Dyck que presentó aquí hace dos años su primera individual en la ciudad. Su trabajo continúa explorando las posibilidades de la geometría, con grandes campos apaisados y verticales que albergan animales. En esa particular metafísica, Tárdez incorpora también algunos personajes en madera que recuerdan las experiencias recientes de Kíker.
El interés figurativo es patente en todos los autores presentes, aunque algunos, como Virginia López (Gijón, 1972) respiran la poética y el sosiego de los maestros informalistas. Al margen, Rebeca Ivatts (Cambridge, 1972) se proyecta hacia un expresionismo peculiar, que cuida el academicismo acotando espacios y volúmenes.
Una de las aportaciones más frescas es la de Nuria Formentí (Gijón, 1971), que alterna los ritmos tropicales, de intensos aromas cromáticos, con los esquemas hopperianos, rindiendo homenajes a la literatura de García Lorca en composiciones dominadas por el silencio compositivo. Cierra la nómina el singular imaginario de los variados formatos de Víctor López (Madrid, 1975), repleto de lecturas oníricas.

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