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El Ayuntamiento maliayo ordena retirar el cartel de las fiestas porque algunos vecinos lo tachaban de «pornográfico y anticlerical»
03.09.08 -

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Millones de personas en el mundo buscan, trabajan, y estudian el arte, un 'peligro social' que tiene ahora mismo dividido a Villaviciosa entera. La culpa la tiene una fiesta, la religión, y un joven llamado Noe Tuero. Todo comenzó con una colaboración entre loable y barata. Como todos los años, el Ayuntamiento buscó a un artista al que encargarle el cartel de las Fiestas del Portal. Sólo había un requisito: no cobrar ni un euro por el servicio prestado. De acuerdo con ello, Noe Tuero, vecino criado en una familia de artistas, se propuso hacer algo tan original como gratuito.
¿Qué es lo más característico de Villaviciosa? «Su arte románico», debió responderse el artista, que buscó inspiración en las iglesias de San Juan de Amandi y de Santa María de la Oliva. Allí encontró figuras piadosas pero también provocativas, en posturas más bien sospechosas. Llevan siglos luciendo en esos templos como en los de media Europa porque antes se hacían las cosas así. En el medievo era frecuente incluir en las iglesias esculturas pequeñas de personas que se tocan, o que enseñan su entrepierna.
«Quería hacer algo jocoso y románico», defiende Noe Tuero, quien tomó aquellas estatuas y las metió en su cartel, eso sí, forzándolas un poco. Un cigarro por aquí, una flor por allá. Cuando el asunto le pareció lo suficiente jocoso y románico, lo envió al Ayuntamiento, y de ahí lo pasaron directamente a la imprenta.
Como un petardo
El escándalo estalló así como un petardo el viernes. Tiendas y bares de la villa fueron acogiendo un dibujo que quería animar a la fiesta y acabó avivando la polémica. «Para un cuadro está muy bien, pero yo no quiero que mis fiestas se anuncien así», comenta con enfado uno de los vecinos. «Tú lo que quieres es que sólo salgan gaiteros, en cuanto te sacan de ahí, no entiendes», le responde otro contertulio, a pie de bar.
El debate saltó de lugares así a la Casa Consistorial, donde el alcalde, Manuel Busto, decidió solventar la papeleta con una retirada masiva. «Es que la gente dice que es anticlerical, pornográfico, y que sale hasta la droga», justifica el regidor.
«Esto es una censura, un atentado a la libertad de expresión», entiende Noe Tuero, ya sin un letrero colgado. Su madre va más allá: «¡Volvemos al franquismo!».
Así es el arte: pintura para calentar la fiesta.

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