Sevilla, Madrid, San Lorenzo del Escorial, localidades de La Rioja, Cataluña y Avilés estuvieron ayer unidas por el patchwork, una artesanía que rompe fronteras y que ayer festejó su primer Día Europeo. En todo el continente, se celebraron diferentes actividades al aire libre. En algunos países, como Francia, existe una gran tradición con concursos y competiciones que atraen a miles de personas.
En el caso de Avilés, la Asociación Asturiana de Patchwork Villa de Avilés reunió a asociados y familiares en las plazas adyacentes al palacio de Valdecarzana. El tiempo ayudó y el resultado no pudo ser mejor: sillas y mesas repletas de quilters o tejedoras; exposición al aire libre de diferentes manualidades, curiosos, familiares y aficionados viendo los trabajos y fotografiando los más espectaculares.
Porque había de todo, desde mantas y colchas a muñecos, anillos, broches. Incluso una manta de patchwork localizada en Moreda de Aller y confeccionada en 1889. Tras su restauración, los aficionados podían observarla ayer en Avilés 120 años después.
«El patchwork es la confección con retales de todo tipo de objetos. No existen límites. En Europa se hace desde toda la vida, sólo que antes se hacía por necesidad, para aprovechar trapos y ropa que se rompía y ahora es una afición», explica Inés Fernández, presidenta de la Asociación Asturiana de Patchwork Villa de Avilés y que se ha encargado de organizar este primer Día Europeo en Asturias. Cuando se fundó la asociación, el primer objetivo era limitarla al ámbito local, pero la ausencia de más en Asturias las llevó a abrir el abanico.
Ahora mismo, incluso son una referencia para el norte de España. Así, ayer participaron tejedoras de Lugo, Torrelavega, León y Cangas del Narcea. La organización entregó un centro de flores a Purificación que, con sus 90 años, se convirtió en la quilter más veterana de las presentes.
«Es adictivo»
Los contenidos del Día Europeo se limitaron a eso: coser y conversar sobre diseños, intercambiar opiniones, fotografiar los mejores trabajos. Todo ello en un ambiente extraordinario, con familias enteras disfrutando de la actividad.
Y es que, asegura Inés Fernández, el patchwork «es adictivo, engancha, te relaja, compartes con los demás, cuando estás con él te olvidas de todos los problemas». En su caso, comenzó hace diez años y se aficionó hasta el punto de convertirse en profesora.
«No se necesita ninguna cualidad para aprender, ni saber coser», explica. Es una artesanía que obliga a estar en contacto permanente con otros aficionados, a dar rienda suelta a la dimensión más social de cada persona.
Precisamente, el germen de la asociación surge para favorecer ese intercambio entre las aficionadas. «Un grupo nos dimos cuenta de que, una vez hecho un curso, no había nada que nos reunirse. Así que decidimos crear una asociación para favorecer el intercambio de ideas, organizar cursos de perfeccionamiento, entre otras actividades», explica la presidenta.
Una vez constituida, la entidad da sus primeros y exitosos pasos, como se comprobó ayer en Avilés. Aunque como recuerda Fernández, «aún no tenemos ni local».
Y es que, además, las diferentes técnicas abren el abanico de posibilidades para los aficionados que a, partir de ahora, cuentan con Avilés con un lugar para su encuentro.