Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Avilés

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
«Es necesario evaluar la reforma psiquiátrica para corregir defectos»
Enrique Baca, el pasado viernes en Avilés. / TANIA
Reconocido en la psiquiatría española como uno de los autores de referencia, el profesor Enrique Baca Baldomero visitó Avilés para participar en el VI Simposium Nacional sobre el Tratamiento Asertivo Comunitario que él clausuró el pasado viernes. LA VOZ conversó con él sobre la psiquiatría en España, cuando se superan veinte años del inicio de la famosa reforma psiquiátrica.
-Con más de veinte años de experiencia, ¿qué balance podemos hacer de la reforma psiquiátrica?
-En general, un balance positivo, sin claroscuros. La reforma se lleva haciendo veinte años y esto nos exige dos aspectos ineludibles: evaluar y analizar lo que se ha hecho por si se debe corregir, y corregir e implementar aquellos aspectos que hace veinte años no se veían claros. No se puede olvidar la envergadura de la reforma. En su momento se trazaron las líneas maestras y, sin perderlas, ahora hay que ir a detalles concretos, como dicen los políticos, al ajuste fino.
-¿Y dónde se encuentra ese ajuste fino?
-Tenemos campos temáticos que desarrollar, como toda la atención infanto-juvenil, ya en marcha, pero que se debe impulsar. También la atención geriátrica y toda la rehabilitación del enfermo. Y tenemos que ajustar el sistema para atender tres campos diferentes: el crecimiento de la demanda general por cuestiones que no son estrictamente psiquiátricas, por las dificultades propias de la vida, como puede ser un desengaño o un despido en el trabajo; los trastornos comunes y el bloque de las enfermedades psiquiátricas. Es un panorama complejo al que hay que dar respuestas.
-Existen nuevas situaciones, como la desaparición de las familias que hace años eran los cuidadores.
-Las enfermedades graves gravitan sobre las familias. El simposium de Avilés es un ejemplo de cómo se debe trabajar. Existen muchos problemas que, cuando se planteó la reforma, no se pensaban. Están los enfermos cuyos cuidadores desaparecen. O toda una generación de pacientes que no conoció la institucionalización. Son algunas de las cuestiones que se deben tratar de resolver.
-Por primera vez se une en un Ministerio Sanidad y Servicios Sociales. ¿Es el primer paso hacia una coordinación tan necesaria en campos como la Salud Mental?
-A nivel autonómico ya tenemos experiencias en todos los sentidos. La integración en el gobierno central tiene un valor, pero no tengo una gran esperanza de que por estar ahí juntos se desarrolle esa colaboración. Entre otras cosas, porque en nuestro país los servicios sociales generales están avanzados, pero los especializados aún tienen recorrido. Y son los especializados quienes deben colaborar con Salud Mental. La unión puede favorecer, pero no es una condición imprescindible. La clave es la voluntad política, no la proximidad.
-Aludió a la demanda general por cuestiones propias de la vida. ¿No está la sociedad excesivamente psiquiatrizada? En cualquier asunto penal se alude a atenuantes psiquiátricos.
-Antes me refería a problemas de la vida que se medicalizan y acaban siendo 'psiquiatrizados'. Habría que ser prudentes, porque muchas veces esos problemas de la vida son factores de riesgo que desencadenan cuestiones más graves. Conviene un cierto control para evitar problemas mayores. Dicho eso, es misión de los profesionales detectarlos y tratarlos de la forma adecuada.
-Antes aludió a la necesidad de evaluar el sistema, pero nos enfrentamos a un problema serio: no existe esa cultura de la evaluación.
-Efectivamente, no la hay. Aquí se hacen las cosas, pero no se evalúan. Y evaluar es maravilloso porque sirve para corregir. En España tenemos el concepto de inspección: ver dónde se metió la pata para pegar el palo. La evaluación no busca ese castigo, sino corregir para seguir mejorando. Y eso tenemos que aprenderlo desde la escuela, donde no nos evaluaban para aprender, sino para suspender o aprobar.
-En todo ese proceso, ¿donde queda la formación de los psiquiatras? ¿Se apuesta por una única escuela o tendencia?
-El problema que siempre se plantea es si todos aprendemos lo mismo en todos los sitios. Y eso sólo se comprueba evaluando. Ahora bien, si vas a los residentes y les dices que después de toda su formación tienen que evaluarse de nuevo, se ponen todos en huelga. Comenzando por los míos. Hablar de escuelas huele a naftalina. Ya existe un cuerpo teórico, un cuerpo común que todo el mundo en la psiquiatría debe manejar. Las escuelas, salvo posiciones extremas, no se entienden. Tampoco podemos olvidar que se ha acelerado la caducidad de los conocimientos en la biomedicina. Se habla de una duración de unos diez años en algunos campos. La formación continuada empieza a establecerse. Y muchas veces habría que abordar el problema de la recertificación, que también es muy complejo. En muchos foros, ni se puede plantear.
Banesto: Tenemos lo que todos quieren: Nuestro Depósito Selección

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS