Esther Fernández, junto con el equipo multidisciplinar del Centro de Día para personas con alzheimer, muestra una gran motivación y desarrolla su trabajo profesional derrochando cariño con todos los usuarios. Son conscientes, como señala la directora, de que «nuestra labor simplemente permite retrasar el avance de la enfermedad, pero no hacemos milagros».
-Este centro es el primero con estas características que abrió la Consejería de Bienestar Social en Asturias. Después del primer año de trabajo, ¿qué valoración hacen?
-En este tiempo se ha visto confirmada la necesidad de especializar este tipo de recursos. Muchos de los usuarios de los centros de día tienen patologías mentales, además de dependencia física, por lo que necesitan un tratamiento diferente y específico, como el que se le da aquí.
-¿Cómo evolucionan los enfermos con esos tratamientos?
-Aquí realizamos tratamientos funcionales, gerontogimnasia, psicoestimulación y socializadores con distintas técnicas. Los notamos muy motivados y las familias así nos lo transmiten. Aseguran que notan cambios, sobre todo en las primeras semanas que comienzan en el centro. De todas formas, nuestro trabajo permite retrasar el deterioro, el avance de la enfermedad, pero no hacemos milagros.
-¿Qué papel juegan las familias?
-Son un puntal muy importante, la coordinación entre nosotros y ellas tiene que ser total. Cuando llega una persona nueva el equipo diseña un plan de trabajo individual para ella y a la familia se le explica la intervención que se va a hacer y también se le transmite lo que pueden hacer ellos en casa.
-El alzheimer es una enfermedad incurable, ¿cómo se asume eso?
-Las familias y los enfermos necesitan todo el apoyo, por eso se ha optado por abrir un sábado al mes como respiro para la familia. Aquí hay enfermos que están en los niveles 5 y 6 de la escala de deterioro global de Reisberg, que se utiliza para medir esta enfermedad y que tiene siete estadios, con lo que tienen un deterioro importante.
-He visto en los talleres a personas no muy mayores.
-Sí, hemos tenido incluso personas con 55 años. La enfermedad avanza mucho más rápido en ellos que en los de más edad, como sucede con el cáncer.
-Una familia en la que haya un enfermo de alzheimer, ¿cómo puede llegar hasta ustedes?
-Bien a través de los Servicios Sociales o derivado por las prestaciones de la Ley de Dependencia.