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OPINIÓN EDITORIAL
Astillero moderno con apoyo público
22.07.07 -
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LOS responsables de la sociedad Pequeños y Medianos Astilleros en Reconversión (Pymar) han comunicado a los secretarios generales de las federaciones del metal de UGT y CC OO de Asturias que el astillero Naval Gijón está abocado al cierre al no encontrar un comprador para el mismo y dada su situación financiera, con una deuda de más de cuarenta millones de euros a la que se suma la carencia de pedidos. El conocimiento público de esta situación ha desencadenado movilizaciones en la calle por parte de los trabajadores de Naval Gijón.

En la actualidad, Naval Gijón está construyendo cuatro buques quimiqueros contratados con un armador alemán, lo que supone carga de trabajo hasta el mes de marzo de 2008. La ausencia de nuevos pedidos no es el dato más decisivo para el cierre de las instalaciones, sino el hecho de que ningún empresario se quiera hacer cargo del astillero gijonés que acumula pérdidas en todos los barcos que construye. El pasivo de cuarenta millones de euros es una pesada carga para Pymar, que asume la necesidad de negociar una salida para el personal a través de tres vías, las jubilaciones anticipadas, indemnizaciones y la incorporación a otras empresas del sector. En el último expediente de regulación de empleo se acordaron 73 prejubilaciones -de las que 11 están aún pendientes- y en el próximo mes de septiembre se negociarán otras 37 bajas anticipadas, que supondrán casi nueve millones de euros si se mantienen las condiciones del último expediente (236.000 euros por cada trabajador prejubilado).

De llegarse a un acuerdo en la negociación de las prejubilaciones, Naval Gijón quedaría con una plantilla de 60 trabajadores que podría incorporarse a Factorías Juliana al cierre de Naval Gijón. Fernando Santodomingo, presidente de Factorías Vulcano, empresa propietaria de Factorías Juliana, ha manifestado su deseo de incorporar a su astillero gijonés a los trabajadores de Naval Gijón porque necesita estabilizar la plantilla de su astillero, incurso, igualmente, en un proceso de prejubilaciones que afecta a corto plazo a dos tercios de la plantilla. Un fenómeno que afecta a todos los antiguos astilleros de Izar, que han llevado a cabo reconversiones no traumáticas sobre la base de dar cobertura económica a los excedentes de mano de obra.

La perspectiva de la fusión de las plantillas de los dos astilleros de la bahía gijonesa en una misma empresa, Factorías Juliana, corre en paralelo a la posibilidad de traslado de este astillero al puerto de El Musel. El presidente de Factorías Vulcano, Fernando Santodomingo, declaró que esa posibilidad le fue insinuada por el Gobierno del Principado, ante el crecimiento urbanístico de Gijón que rodea las instalaciones de Factorías Juliana. El propio Fernando Santodomingo asumió esa alternativa para construir un astillero moderno, con las instalaciones cubiertas, dos puentes grúa y la posibilidad de acometer la construcción de más de dos barcos simultáneamente. Una primera entrevista con el presidente de la Autoridad Portuaria ha bastado para desbaratar esa posibilidad, ya que la hipótesis del traslado pasa, al parecer, por ubicar el astillero sobre terreno ganado al mar, lo que significaba un coste de 100 millones de euros, a lo que habría que sumar la propia construcción del astillero y un canon por uso de espacios. De quedar definitivamente cerrada la opción del traslado a El Musel, Factorías Juliana seguiría con su proceso de inversiones, comprometido por Factorías Vulcano en la oferta de adjudicación del astillero para modernizar las instalaciones y poder construir barcos de más eslora, tal como demanda el mercado.

Ante los astilleros de la bahía gijonesa hay dos alternativas previsibles, la que pasa por el reacomodo de la plantilla de Naval Gijón en Factorías Juliana, al cierre del primer astillero, o la alternativa más ambiciosa, que situaría la fabricación naval asturiana en un mejor lugar en el mercado, con la construcción de un astillero moderno en El Musel. Esta última opción tendría que venir respaldada por el Principado y del Ayuntamiento de Gijón.

Llaman la atención las evasivas y los planteamientos tímidos, por parte de las instituciones citadas. No se entiende muy bien que el Ayuntamiento de Gijón diga que, en cualquier caso, los terrenos de Factorías Juliana son necesarios para actividades industriales, cuando los planes de urbanismo municipales se han caracterizado por sacar industrias del casco urbano para ubicarlas en el extrarradio en modernos polígonos industriales. Si se ubica el astillero en El Musel, el terreno liberado podría ser de uso residencial, recreativo o deportivo, pero no sería congruente que mantuviese su calificación de industrial. Si preocupa el afloramiento de plusvalías ligadas al suelo, hay muchas maneras de condicionar su destino para que queden vinculadas a la capitalización del nuevo astillero. Las suspicacias no pueden frustrar una operación de interés general. En cuanto al Principado, hay un contraste entre el deseo explicitado de contar con el astillero más moderno del mundo en El Musel y la oferta realizada a Factorías Juliana, que se queda en la financiación de un estudio de viabilidad. Tampoco parece riguroso aseverar que El Musel, tras su ampliación, no disponga de espacios para ubicar el astillero y todo quede a expensas de ganar terreno al mar. De las instituciones asturianas se espera que aborden los problemas de la industria naval desde una perspectiva global y de futuro, no como un mero problema de avales de barcos y de regulaciones de empleo.
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