
Ngaru Seye, natural de Senegal, llegó minutos antes de las nueve de la mañana a la plaza del Marqués de Gijón. Con ella, Saliu y Tala, sus dos gemelos, y su otro hijo, Mor, esperaban impacientes la partida. No estaban solos. Salman, Saiela, Rabia y Anne, entre otros muchas personas, les acompañaban. La causa de su madrugón era la misma. Disfrutar de una jornada de confraternización en el que poco importó la raza o el lugar de origen. «Hay familias que no pueden permitirse el lujo de pagarse unas vacaciones, ni siquiera los costes de desplazamiento; para muchos ésta será la única posibilidad de salir de Gijón este año», avanzaba Beatriz Pedrayles, trabajadora de Cruz Roja.
Un guiso típico de cada uno de los países de procedencia de los participantes era el único requisito necesario para formar parte del viaje de casi doce horas que terminó pasadas las ocho de la tarde. El Sorteo del Oro, un cupón de azar cuya recaudación va íntegramente destinada a cada una de las asambleas locales que la organización tiene por España, fue la fuente de financiación de la tradicional excursión. «La gente pone la comida y Cruz Roja la bebida, los platos, las servilletas, los manteles...», señalaba Beatriz.
Menú cinco continentes
Alicia Dávila y su marido, Luis Sifuentes, habían hecho un arroz con pollo típico de su Perú natal. Acompañados de sus tres hijos, este matrimonio pudo reencontrarse hace mes y medio tras la llegada definitiva de Luis a España. Tras regularizar sus papeles, Sifuentes lucha estos días por encontrar un trabajo que le permita integrarse completamente en el país.
A unos metros de ellos, Tatiana Jyshkevych abría un portaviandas en cuyo interior se escondía una colorida vinegret típica de su país. Esta ucraniana, intérprete y mediadora intercultural de Cruz Roja, venía acompañada de sus tres nietos, todos ellos nacidos en Gijón. Tatiana, quien además del español habla el ruso y el ucraniano, llegó a España hace ocho años y, desde entonces, ha formado una familia en Asturias que no para de aumentar.
También ayer Leila, de cinco años, Issam, de tres, y Karim, de dos, se debatían entre las croquetas y las empanadillas que alguien había puesto en su mesa. Sus padres, Fátima Zohra el Gohji y Mohammed Fernouch, llegaron a España hace ocho y dieciséis años respectivamente desde Marruecos. «Este tipo de actividades ayuda a mejorar la calidad de vida», comenta Fátima.
Ella y su marido, que se conocieron en el país africano hace casi dos décadas, reconocieron que decidieron quedarse en Gijón porque «Asturias nos encanta». Este año no tendrán la posibilidad de viajar a su país natal, pero aseguran que «un día como este es como un mes entero en Marruecos». Fátima había preparado un 'chaladajodramnouaa', una ensaladilla rusa típica del país africano que incluye el limón y que pudieron degustar el resto de los excursionistas.
De Pakistán a Gijón
«El cocinero es él, yo soy la pinche», bromeaba Esther Díaz. Ella, de 27 años y natural de Gijón, acompañaba a su novio, Salman Khan, de 26 y natural de Pakistán. «Vino hace tres años a trabajar y se quedó», decía. El viernes por la noche, Salman se metió en la cocina de su apartamento, agarró un paquete de harina de garbanzos, huevos, un poco de cebolla, un tomate y una pizca de clavo y se puso a hacer 'pakora', un plato típico de la cocina paquistaní. Su propuesta culinaria fue todo un éxito y en unos minutos el plato desapareció de la mesa. Salman era una más de las decenas de personas que cada semana acuden a Cruz Roja para inscribirse en el Plan de Empleo con el objetivo de regularizar su situación legal.
También estaban allí Saiela Rajeb y su marido Rabia Gaya, quienes no suelen salir a comer sin su termo rojo. En él, guardan el té verde típico de Argelia al que siempre incluyen hierbabuena tras dejarlo en reposo. Hace catorce años, esta pareja decidió dar el salto a España. Entonces, Saiela era un refugiado político. Sus hijos tenían dos y ocho años; hoy, dice, «son más asturianos que argelinos». «Para mí es una ocasión que nos permite conocer más musulmanes», relataba mientras señalaba con el dedo a algunos de los senegaleses que conoce tras haberlos visto en alguna ocasión por la mezquita que frecuenta cada semana
La tortilla, un éxito
Ngaru Seye llegó a España desde Senegal hace más de diez años. Sus tres hijos han nacido en Gijón, la ciudad en la que ha aprendido el español que hoy chapurrea cuando no está cerca de sus amigos senegaleses. «Le gusta la tortilla de patata y la ensaladilla rusa», apuntaba una de las voluntarias que más tiempo ha pasado con ella durante estos años. Los tres embarazos que ha tenido a lo largo de este tiempo han dificultado el proceso de aprendizaje de Ngaru. Ello le ha obligado a regresar en más de una ocasión a las clases de español que ofrece la organización en tres niveles.
María Aline, su hija Anne y su marido Grandelino hacían fotos a las osas pardas Paca y Tola en el monte Fernanchín, cerca de Proaza. Ella, natural de Brasil, conoció a Grandelino aquí en Gijón después de llegar a España hace dos años. «Sabía algo de Cruz Roja, pero cuando llegué a Gijón sentí la curiosidad de conocer más sobre la organización y me hice voluntaria», explicaba mientras mostraba la farofa que había preparado horas antes.
Mientras tanto, más de uno demostró que se lo había pasado muy bien y se acercaba a Beatriz Pedrayles con una pregunta: '¿Dónde vamos el año que viene?'.





