
Amigos, familiares, compañeros y alumnos se reunieron ayer en el edificio departamental para recordar al ingeniero y economista gijonés. Su viuda, la también ingeniera Zulima Calleja, descubrió junto al rector una placa que dejará constancia de la dedicación del profesor a la Universidad de Oviedo. «La idea partió del departamento y del Área de Mecánica, porque sus compañeros le apreciábamos y queríamos que su recuerdo quedase en los laboratorios donde él pasó tantas horas de forma permanente», explicó Vijande.
Íñigo Felgueroso, hermano del fallecido, aseguró que la familia se había quedado «muy sorprendida» al enterarse del reconocimiento académico. «Sólo han pasado tres meses y estamos afectados, pero esto nos hace ver el cariño que le tenía todo el mundo, porque él estaba muy volcado en la Universidad y estaría muy orgulloso», señaló. David sólo llevaba cuatro años trabajando como profesor de Industriales, pero el rector Juan Vázquez aseguró que «con él, al campus se le muere una parte de sí mismo».
Quiso apoyar el rector, sobre todo, a la viuda y los familiares del profesor, a quienes invitó a «seguir siendo parte de la Universidad a la que él dedicó tantos esfuerzos». Víctor Gabino Felgueroso León, padre del fallecido, agradeció en nombre de la familia el gesto de la institución. «David agradecería este cariñoso y entrañable recuerdo de todo corazón», acertó a decir, embargado por la emoción.
Reservado y cariñoso
Los sentimientos también pudieron con Ricardo Vijande, quien glosó la figura del que fuera su alumno. «A pesar de su juventud, cuánto exprimió el tiempo David para estudiar Ingeniería Técnica Industrial, trabajar como ingeniero supervisor de obras en la Consejería de Fomento del Principado, trabajar en asistencia técnica en la empresa privada, licenciarse en Dirección y Administración de Empresas por la UNED...», enumeró el director departamental.
Vijande se dirigió con cariño a la viuda en su discurso: «Con todo lo que hizo, no sé cómo encontró tiempo para casarse, aunque sólo cogió los quince días de rigor, y en julio, para no dejar trabajo a los compañeros». La tristeza y la emoción impidieron que tanto la esposa como la madre de David apenas pudieran pronunciar palabra.
Pero sus amigos sí hablaron de él, para decir que «era alegre, reservado, cariñoso». Uno de sus alumnos en la asignatura de Sistemas Mecánicos, aunque no llegó a conocerle bien, quiso acudir al acto de homenaje: «Me dio clase poco tiempo, pero desde la primera impresión se veía que era una buena persona, explicaba con paciencia y era muy amable. Se esforzaba en que todo quedara claro».





