
La artefactos, de muy escasa potencia -entre medio kilo o un kilo de amonal- y de fabricación casera, explotaron entre las 13.30 y las 13.52 horas cerca de las cunetas de una carretera del pirineo navarro, la NA-1370, por la que unos minutos más tarde pasó sin incidentes el pelotón del Tour de Francia, en su decimosexta etapa, que atravesaba por primera vez en once años 40 kilómetros de territorio español.
Las explosiones, que no causaron víctimas ni daños materiales, se localizaron en el kilómetro 51,5, a ambos lados de la carretera de montaña que une Isaba con Belagua, a unos 800 metros de la frontera con Francia. Los artefactos, que estallaron en el monte, a entre 10 y 50 metros de la cuneta de la carretera, levantaron algo de tierra y piedras que cayeron sobre la vía.
El estallido se produjo unos minutos después de que pasase la caravana publicitaria del Tour. La organización de la ronda francesa, tras limpiar la vía y comprobar que no había peligro ni daños en la calzada, decidió no interrumpir la prueba deportiva y los corredores atravesaron sin problemas por el monte Larra, con dirección a la frontera.
Un hombre que se identificó como miembro de ETA alertó sobre las once y media de la mañana a la DYA de Navarra de la colocación de las bombas en la ruta del Tour y de que iban a estallar entre la una y las dos de la tarde. El aviso hizo que parte del dispositivo de la Guardia Civil encargado de la seguridad de la prueba ciclista en Navarra se desplazase al lugar sospechoso, donde pudo comprobar que en la vía y sus arcenes no había paquete sospechoso alguno.
La Guardia Civil analiza los artefactos, montados en fiambreras, y trata de dar con los autores del atentado, que pudieron haberse camuflado entre los miles de aficionados vascos que ayer acudieron a los Pirineos navarros para ver en directo el Tour y animar a los corredores de Euskaltel, muchos de los cuales incluso establecieron campamentos en la ruta de Belagua.





