Arropado por casi un millar de militantes, Mariano Rajoy dio por acabada definitivamente la etapa de incertidumbres, discrepancias internas y enfrentamientos con la cúpula nacional que encabezó Josep Piqué, al que no citó ni una sola vez en su discurso de unos 40 minutos, y brindó «toda la ayuda» a Daniel Sirera. El dirigente popular se mostró convencido de que el nuevo presidente del Partido Popular de Cataluña conseguirá «recuperar la confianza» de muchos ciudadanos y logrará muchos «éxitos políticos», y auguró a la organización popular catalana «grandes resultados» en las próximas elecciones generales.
Mariano Rajoy pidió a los militantes populares que «defiendan las ideas en las que creemos», como «un partido de centro, moderado y liberal», que «cree en la España constitucional por encima de todo y también en la España plural y de las autonomías». Rajoy presentó como modelo a unos referentes europeos «claros» como Angela Merkel o Nicolas Sarkozy.





