PARA amenizar las noches de verano con historias paranormales de mucha tensión y ancho canguelo, TVE-1 ha comprado la serie norteamericana 'Sobrenatural', que cuenta las andanzas de dos jóvenes frente a las fuerzas desatadas del misterio. Al producto, visualmente hablando, no le falta de nada. Es particularmente llamativa la representación de los espíritus malignos como nubes negras, una especie de chapapote gaseoso que vuela por ahí. No es un recurso nuevo, pero es muy efectivo. El peligro del chapapote fantasmal se subraya con otros efectos bastante aterradores, como el de inyectar en negro los ojos de los poseídos. Añadamos al repertorio de artificios otros sumamente inquietantes, como el uso (y abuso) de combustiones, círculos ígneos, materias orgánicas descompuestas y cosas así. La otra noche, por ejemplo, a un sujeto poseído le arrojaban encima agua bendita y las gotas producían en el cuerpo una especie de corrosión química, como si se asperjara ácido sulfúrico. Todo ello iba acompañado de preces en latín, una lengua que para el espectador norteamericano medio (y también, cada vez más, para el español, me temo) debe de sonar como muy remota y enigmática, la lengua que hablaban las potencias de la fuerza elemental antes de que Benjamín Franklin creara al hombre nuevo con la costilla de un inglés y la electricidad capturada por el pararrayos.
Para que a 'Sobrenatural' no le falte de nada, el guión abarrota el discurso de los hermanos cazafantasmas (los protagonistas del relato) con continuas referencias de tipo bíblico, generalmente todas mal traídas, pero que dan aire de honda sabiduría exorcista. No deja de ser singular ese empleo masivo de referencias religiosas cristianas -el agua bendita, el latín, los Libros- para adornar una historia que, en líneas generales, se aparta por completo de cualquier ortodoxia religiosa y cristiana. Esto es un signo de nuestro tiempo y señala el momento en que el burgués penetra en la catedral, expulsa al obispo, se viste con la casulla y comienza a jugar a lo sagrado. Como le falta tradición, se inventa una sacralidad nueva y la alimenta con historias de fantasmas y cosas así. De esta manera se llega a una situación completamente chestertoniana en la que el hombre más incrédulo de todos los tiempos empieza a prestar oído a las supercherías más inverosímiles jamás contadas. Es un fenómeno parecido al que vemos en 'Entre fantasmas', la serie de Cuatro, aunque en esta última todo es bastante más amable que en 'Sobrenatural'. Lo único que se puede agradecer a TVE es que haya programado esta serie después de las once de la noche. Así habrá menos damnificados.