
-¿Hay alguna variación en el menú en esta época del año?
-La verdad es que no hacemos muchos cambios porque nuestro menú es bastante ajustado. Las innovaciones son mínimas. Además, hay platos como el pote o la fabada que son típicos y la gente los sigue pidiendo, sobre todo los turistas, con lo cual no podemos hacer grandes cambios.
-¿Qué es lo que más se está pidiendo en el restaurante?
-Sobre todo tapas: calamares, chipirones... eso nunca falla. Y no sé si es por las modas, pero cada vez se piden más comidas vegetarianas y la gente tira mucho por las verduras. Muchas veces en una mesa de dos o tres personas hay una vegetariana y tienes que variar un poco el menú.
-¿Hay mucha clientela en estas fechas?
-En cuanto a turismo gastronómico no está resultando un mes muy bueno, seguramente por el tiempo tan malo que ha hecho. Pero bueno, siempre que se busque cocina tradicional, la gente sabe que este es un buen lugar para comer.
-¿Le gusta salir fuera a comer, conocer nuevas técnicas de cocina, o por el contrario lo que quiere al salir de aquí es ir a casa y comer algo sencillo?
-En la cocina uno siempre tiene que intentar reciclarse, buscar algo nuevo. Cuando salgo a comer fuera suelo probar platos diferentes y la deformación profesional hace que «analices» un poco lo que comes, pero también tengo la suerte de que mi mujer cocina fantásticamente y soy poco exigente en cuanto a las comidas.
-¿Cocinar es un placer?
-A mí me encanta hacer cualquier plato cuando tienes tiempo y quedas contento con el resultado. Si no tienes que trabajar bajo presión las cosas salen mejor y luego te sientes recompensado cuando vuelve el plato bien comido. Eso sí que es una satisfacción.





