
Por eso, la Escuela de Asturianía brindó un homenaje a todos los maestros nacionales que enseñaron caligrafía y matemáticas a los que se marchaban a América. Porque gracias a ello, pudieron emprender sus negocios lejos de su tierra, a la que volvieron para recompensar un poco de lo que les dio.
Ese homenaje se expresó, ayer, en Taramundi, ante la estatua del maestro Manuel Lombardero, uno de aquellos maestros de escuela que, aunque pobre, era admirado y respetado en toda la comarca.
Un grupo de 25 jóvenes de América y diferentes países de Europa, nietos de emigrantes asturianos, concluyeron con ese acto su estancia en Asturias, donde han dado lecciones de gaita, baile tradicional, cultura e historia asturiana.
Durante la jornada, estos descendientes asturianos viajaron por la comarca occidental, y visitaron el castro de Coaña, Taramundi, Castropol y Cudillero.
Antepasados
«La idea de este viaje es que puedan ver lo que han estudiado», explicó Manuel Fernández, director de la Escuela de Asturianía. Pero también se espera que sientan en carne propia el origen de sus antepasados, que sean capaces de entender porqué sus abuelos decidieron emigrar.
La veintena de jóvenes que participaron en el emotivo homenaje depositaron ante el monolito del Maestro Lombardero un ramo de flores y entonaron el 'Asturias Patria Querida'.
Con estos cursos, la Escuela de Asturianía, fundada hace seis años por Antonio Trevín, pretende transmitir a los descendientes de los emigrantes la cultura de sus orígenes y, también, dotar a todos los centros asturianos repartidos por el mundo de un gaitero: «Aunque a la gente le cuesta mucho entenderlo, si un centro asturiano no tiene un gaitero, ese centro muere», explicó Fernández.
Con estos jóvenes, que representan la segunda promoción del centro, todos los países ya tienen su músico oficial.





