Como principal medida preventiva de tipo medioambiental se impondrá la presencia de un técnico supervisor ambiental mientras duren las obras, que será el encargado de comprobar que las labores se ajustan a lo establecido en el estudio y la declaración de impacto ambiental. Este profesional tendrá asimismo como misión, siempre que sea necesario, corregir aquellos impactos no incluidos en el estudio y que durante la implantación se aprecien.
En función del tratamiento y configuración finalmente seleccionados, se dispondrá de una zona de almacenaje suficientemente amplia para disponer los lodos hasta su gestión final.
En función también de esa configuración se diseñará un sistema de desodorización que garantice la difusión de malos olores y las medidas de control sonoro para asegurar el cumplimiento de los niveles acústicos.
Se redactará un proyecto de adecuación paisajística. Paralelamente, se tendrán en cuenta los excedentes de tierra de las obras y se realizará para cada uno de los posibles vertederos un estudio de las probables afecciones al medio.
Se preverán sistemas de control de fugas de las tuberías para la fase de explotación y se instalará un cierre que impida la entrada a personas ajenas a la depuradora.
También está prevista la aplicación de medidas correctoras en todas las opciones, ya que los trabajos se desarrollarán en una zona salpicada de hallazgos arqueológicos, asociados a depósitos aluviales o eluvio-coluviales, que no proceden de excavación alguna. Los trabajos de seguimiento arqueológico realizados en la zona durante los últimos años han recuperado materiales que tipológicamente se encuadran en los momentos finales del Paleolítico antiguo y del Asturiense. Así, antes de cualquier movimiento de tierras se elaborará un programa de vigilancia ambiental. Además, se evitará cualquier tipo de trabajos en el entorno de la capilla y necrópolis asociada a la Ería del Piles.





