
-¿Sigue llevando la gente los libros a encuadernar?
-Suelen traerme fascículos y fotocopias, pero lo que a mí me gusta son las encuadernaciones en piel. Sin embargo, lo que menos me traen son libros antiguos. Si encuaderno en piel suele ser porque es para regalar o porque alguien tiene mucho aprecio a un determinado libro, pero en general la gente no tiene un aprecio excesivo a los libros y hay quien piensa que un libro con 20 años ya es muy antiguo.
-¿Varía mucho el proceso dependiendo de lo que encuaderne?
-Sí, porque en un fascículo me dan las tapas hechas y yo sólo tengo que coser las hojas y pegar las tapas, pero con un libro viejo muchas veces hay que deshacerlo, volver a coserlos, limpiar los bordes, redondearlo, sacar el cajo para repartir el peso del libro, cortar las tapas a medida...
-Pero, ¿merece la pena encuadernar un libro?
-Sólo merece la pena si tiene un valor especial, ya sea material o sentimental, porque sino vale más comprar un libro nuevo que encuadernarlo de nuevo. El problema está en que la gente desconoce el tiempo que lleva este trabajo y no lo aprecia, así que siempre piensan que es carísimo. Al final, cobro la hora regalada. Es de risa. Sin embargo, cuando vas al mecánico ya sabes que vas a dejar 60 euros sin que le hagan nada al coche.
-¿Qué opina de las ediciones de bolsillo?
-Yo no puedo con las rústicas malas que hacen que te quedes con las hojas en la mano, detesto el quiero y no puedo. Antes de comprar libros hechos de forma industrial prefiero uno en rústica, pero cosido. Ya no se lee, y cuando lo haces después ya no vuelves a mirar para el libro.





