
El último paso de esta etapa se dio la semana pasada. El día 25 quedó inaugurado el tendayu, una construcción singular, diseñada a partir de antiguos modelos de carpintería de armar, que evitará tener que volver a instalar carpas en el Pueblo de Asturias para acoger conciertos, celebraciones y comidas. Y se conseguirá gracias a este cobertizo de madera de castaño maciza, cubierta de teja y decorado con 24 tallas 'copiadas' de modelos originales de paneras -y un hórreo- del centro y occidente asturiano, zonas en las que se comenzó a decorar estas construcciones en la segunda mitad del siglo XVIII. Joaco López, director del Pueblo de Asturias, explica «satisfecho y orgulloso» todos estos datos. Él es uno de los principales 'culpables' de que el tendayu se haya hecho realidad. Él y el grupo municipal de IU, que insistió en la idea. Ahora, los nuevos asesores Carmen Rúa y Roberto Colunga trabajan junto con López en el futuro de un museo que fue inaugurado en 1968 y al que aún le quedan unas cuantas cosas por hacer.
Pero antes de que eso llegue habrá que dar a conocer el tendayu y trabajar para darle el mayor uso posible. Por el momento, hoy mismo acogerá celebraciones del Día de Asturias; el día 10, las del Día del Emigrante; el 5 de setiembre una comida del Centro Asturiano de Mendoza; durante toda la Feria de Muestras, actuaciones de música tradicional... Quienes participen en todas estas actividades comprobarán el olor de la madera y los colores de los motivos decorativos, los mismos que originariamente tenían todas esas tallas que se fueron perdiendo y que el Pueblo de Asturias ha recuperado en años de trabajo de campo.
Armando Graña García fue quien ideó la construcción. Él y el propio Joaco López seleccionaron las tallas, que se han colocado divididas por motivos: tetrasqueles, rosetas, entrelazos, radiales, caras (una incluso con montera picona) y relojes. También se han incluido obras de maestros carpinteros como Diego Suárez, de Seroiro (Ibias), Domingo Álvarez y Gabriel de Yriarte. Éste último, un vasco afincado en el occidente, un «buen carpintero que hizo las mejores paneras», asegura Joaco López. Uno de sus motivos, que puede verse en el nuevo tendayu, fue el que adoptó la Academia de la Llingua como su imagen. La talla más antigua es de 1765 y las más moderna, de 1875. Además, el cobertizo incluye en sus laterales algunas formas talladas, modelo de las ventilaciones decoradas de los hórreos. Están, precisamente, en el lateral que se ha cerrado esta misma semana, tras la inauguración, para resguardar el tendayu del viento.
La atracción de la madera
Tanto Joaco López como Carmen Rúa y Roberto Colunga destacan el valor de la construcción en madera, que «atraerá» al público en una región en la que la tradición de la madera se ha perdido. Y servirá también, dice López, para conocer un poco más nuestra propia tradición, porque «el desconocimiento que hay en Asturias de lo asturiano, con todo lo que se publica, es muy grande». Incluso, dice, aún se confunde la verdadera diferencia entre un hórreo y una panera, que está realmente en la cubierta.
El tendayu es ahora la joya del museo, que seguirá creciendo. Así, esperan que tras el verano comiencen los trámites para la contratación de la construcción de un nuevo edificio, en el prao situado detrás del Museo de la Gaita. En este momento es una trasera sin uso, a pesar de que el proyecto museológico de los años 90 incluía ya un edificio con uso de almacén. Se hará realidad el próximo año, con un inmueble «sencillo», cuyo proyecto ya está presupuestado en este ejercicio. Además de almacén ofrecerá un «espacio digno» para los trabajos de restauración, que ahora no tienen ubicación propia, y para las oficinas de la Red de Museos Etnográficos, de la que el Museo del Pueblo de Asturias es cabecera.
A esos proyectos se sumarán otros más en el futuro. Por ejemplo: ganar terreno para el equipamiento, hacer una fuente lavadero en el arroyo y varios ejemplos de construcciones asturianas de montaña, como un corro y dos modelos de chozos y hacerlo, como hasta ahora, con recreaciones lo más fidedignas posible. El objetivo, el mismo que siempre ha perseguido el museo: dar a conocer el patrimonio etnográfico, al mismo tiempo que crece el centro de documentación.





