Se trata por lo general de pequeñas promociones, de entre 4 y 16 viviendas, que se desarrollan en los pocos solares que van quedando libres en calles céntricas como Corrida, Trinidad, San Bernardo, Covadonga, El Carmen, Menéndez Valdés, Libertad, Begoña, el martillo de Capua en El Muro, Santa Doradía, Marqués de Casa Valdés y La Merced. A la venta hay pisos de todas las tipologías. Desde estudios y minipisos a enormes viviendas de 130 metros cuadrados por planta, y casas modulares.
El precio del metro cuadrado en las calles más exclusivas de la ciudad oscila actualmente en una horquilla que va de los 4.800 a los 6.600 euros. Estas referencias facilitadas por empresas con proyectos en marcha en la zona exceden en más del doble las cotizaciones de hace tan sólo una década. Los mejores pisos que en 1997 costaban 40 o 45 millones de pesetas ahora no bajan de 100. El ejemplo es real y se corresponde al valor añadido en diez años de una vivienda de las más selectas en plena plaza del Seis de Agosto.
Las diferencias de lo nuevo con los pisos de segunda mano en el cogollo de Gijón son prácticamente inexistentes. Las agencias inmobiliarias consultadas señalan que no resulta interesante adquirir una vivienda usada en el centro porque «como mucho se paga un 30% más barata que una a estrenar».
En cualquier caso, invertir en el 'kilómetro cero' de la villa de Jovellanos sigue siendo un valor seguro para los constructores locales, aunque los márgenes de beneficio cada vez son menores por el elevadísimo precio de compra de los solares liberados. Otro problema añadido en la adquisición de estos cada vez más contados edificios antiguos, que generalmente hay que rehabilitar o derribar total o parcialmente para volver a construir entre medianeras, son las trabas que suponen los inquilinos históricos. Ellos encarecen y demoran mucho los procesos.
A pesar de que siempre va a haber personas dispuestas a pagar sumas importantes por hacerse con una propiedad en lo más 'noble' de Gijón, lo cierto es que empresas como Fercavia, Fresno y Cascos se embarcan en estas costosas operaciones inmobiliarias más por «cuestión de imagen y prestigio» que por visión de negocio. Esto es así porque hoy en día las auténticas plusvalías del sector se encuentran en la periferia por la mayor disponibilidad y asequibilidad del suelo urbanizable.
«Edificar en el centro es muy aparente, pero poco significativo en el global de la actividad de la construcción». Quien así opina es el presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de Gijón (Asprocon), Manuel Pastor. El dirigente de la patronal gijonesa señala que muchos de los de su gremio se refugian en las promociones más exclusivas «para no estar nunca parados». «Donde realmente se obtienen buenos rendimientos económicos es en lotes de suelo como los del plan de Roces, que suponen 60 viviendas por solar», defiende Pastor.
Por su parte, el concejal de Vivienda, Francisco Santianes, de IU, opina que la docena amplia de obras en marcha en calles del centro de Gijón no es fruto de la casualidad. Para el edil es síntoma de que están dando resultado las medidas de presión que ejerce el Ayuntamiento «para evitar que se retengan ociosamente solares en manos de especuladores urbanísticos». Santianes también cree que al sector promotor de la ciudad le ha entrado prisa «por temor a un bajón del mercado inmobiliario que les impida vender a los precios que tienen en mente».
De las promociones que hay ahora mismo en fase de desarrollo las más ambiciosas son las que se localizan en el último solar libre de la denominada 'manzana reseca' (avenida de la Costa números 18 y 20, con 62 viviendas) y en el antiguo Banco de Gijón, que se está transformando en un bloque de pisos de lujo (otras 32 viviendas).





