«Sopa de letras, librillos de lomo rellenos y milhojas varios».
También constaba en la tarjeta invitadora que habría tanta sidra como vino en las bíblicas bodas de 'Canadá'. Y puedo dar fe de que así fue, como también de que durante la larga sobremesa abundaron los juegos de palabras y el uso de palabros. Por citar un solo ejemplo, les transcribo este breve fragmento de diálogo entre el acupuntor chino Pin-Chín y el pensador confucionista Ya-Lo-Tsé:
-Acabo de 'complal' un coche.
-¿De qué 'malca', ho?
-Alfa.
-¿'Lomeo'?
-¿Ni se te 'ocula', so 'malano'!
En cuanto a los palabros proferidos por los comensales fueron un montón, de entre los que se citan estos cuatro que el siempre atento Dascoíte incoporará a su vasta obra lexicográfica:
Catolaicismo: en nuestro país se trata de una utopía en la que se conjugan dos formas de pensamiento irreconciliables.
Exsimio: sí, el ser humano fue animal cuadrúmano arbolícola, según demostró Darwin y según puede constatarse mediante un empirismo estival consistente en la mera observación de no pocos especímenes peludos y de largos brazos.
Insoporbable: dícese de quien llega a resultar incómodo, molesto, empalagoso y hasta insufrible por su querencia compulsiva a pedir la oficialidad del bable, arguyendo para ello una discriminación que se contradice con los muchos euros de todos que se gastan en la promoción y uso de la denominada lingua asturiana de unos pocos.
Meloodiosa: canción del verano.





