
Esta zamorana licenciada en Derecho que primero trabajó en Madrid y después, durante quince años, en Inglaterra decidió un buen día de los sesenta que quería ayudar a mejorar la educación de las mujeres africanas. Por eso, en 1965, un año antes de la independencia del país, se desplazó a Kenia de la mano de la fundación Kianda. «Entonces las familias educaban al hijo mayor y éste procuraba educar al segundo y así sucesivamente, de modo que las mujeres necesitaban más apoyo», relata antes de referirse a la escuela de secretariado que se creó como primer paso de un proyecto educativo que acabaría siendo mucho más amplio. Hubo otro proyecto, una escuela de estudios institucionales, que también fraguó los inicios de un trabajo al que seguirían los clubes de alfabetización, las escuelas agrarias, los clubes de bachilleros. Se daban clases a alumnos llegados desde 14 países africanos y sus títulos obtuvieron un carácter oficial que les dio aún más valor. Con el tiempo, se llegó a crear incluso una universidad, la Strathmore University.
Entre todos esos proyectos discurrieron sus 25 años en África, un país que le dejó huella y que añora desde la distancia. Esa añoranza fue la razón de que, tres años después de su marcha, escribiera un libro, 'En el corazón de África', que es un glosario de recuerdos de su vida en el país africano. Más adelante, volvió a repetir experiencia literaria con 'Deja que África te hable'. Esta mujer religiosa, miembro del Opus Dei, asegura que África aún conserva valores fundamentales que en el mundo occidental se están desdibujando y que entiende que es preciso recuperar.
Proyecto Harambee
Esther se ha implicado ahora en otro proyecto solidario, bautizado como Harambee, que en swahili significa 'todos a una'. Se trata de un plan puesto en marcha tras la beatificación de Escrivá de Balaguer que busca ayudar a África de una manera diferente. «No se trata de dar dinero ni medicina ni comestibles de forma paternalistas, sino preguntando qué proyectos necesitan y consiguiendo un contrato para hacerlos y subvencionándolos cuando están terminados, con facturas y con las cuentas claras», detalla. Ya se han puesto en marcha una treintena de proyectos en 14 países, la mayoría de carácter educacional y sanitario. Aún quedan muchas cosas por hacer, por eso Esther reclama el apoyo de todos.





