Mientras las peñas jugaban a los bolos los encargados de cocinar la sardinada comenzaron los preparativos en el prau de la fiesta. Al atardecer ya estaba encendido el fuego donde, por la noche, se cocinó el pescado. Más de 100 kilos de sardinas sirvieron para aplacar el hambre a las decenas de personas que se congregaron en la carpa instalada para las celebraciones.
Después del atracón, los asistentes bajaron la cena bailando en la verbena, que corrió a cargo de la orquesta Casino. Cuando se acercó la medianoche, vecinos y allegados participaron en la edición número 21 del concurso de baile por parejas y con escoba.
Entrada la madrugada, la traca de voladores inundó de ruido la parroquia y sirvió como punto final de los festejos en honor de Santa Juliana.





