
Salieron en un camión a las dos de la madrugada del país galo y llegaron a Gijón minutos después de las nueve y media de la mañana de ayer. Con ellos, las banderillas, los rejones de castigo, las rosas -unas banderillas de apenas 20 centímetros-, los otros rejones para matar, los capotes de los banderilleros, las muletas, el descabello y la espada que, según dice Enrique Prieto, del equipo del torero, «casi nunca hay que usar».
En la plaza, mar de abanicos para uno de los días más calurosos del verano. Treinta y un grados marcaban los termómetros repartidos por la ciudad. Los mozos refrescan la arena -manguera en mano- pese a que en pocos minutos pierde toda humedad.
Tras Hermoso de Mendoza, llega Manuel Díaz 'el Cordobés'. Lo hace en una furgoneta blanca que lleva su nombre y rodeado de su cuadrilla. El diestro sonríe y saluda a los curiosos que se agolpan a saludarle. «La gente te quiere», dice mientras intenta avanzar entre la muchedumbre.
Jesulín aparece por la puerta. «Primero la capilla», advierte. Tras ella enfunda medio cuerpo en un 'capote de paseo'.
En el tendido, caras conocidas como en los días anteriores. Del mundo de la restauración, el dueño de Casa Gerardo, Pedro Morán, y de la Pondala, Roberto Reginelli. Entre los ya clásicos aficionados taurinos, el ex presidente del Principado Sergio Marqués y el concejal del PP de Gijón Manuel Pecharromán. También el presidente del consejo de administración de EL COMERCIO, José María González, y el consejero de Infraestructuras, Política Territorial y Vivienda, Francisco González Buendía. Y no faltan tampoco los sindicalistas. A saber, Justo Rodríguez Braga y Héctor Roces. Comienza la faena.





