
-¿Cómo llega un hombre como usted desde Asturias a Guayaquil?
-El itinerario es algo más largo. Yo, en realidad soy de un pequeño pueblo de Zamora, Fermoselle, pero a los dos años me trasladé a Avilés con mis padres y toda mi infancia se desarrolló aquí. Estudié con los salesianos y después ingresé en la orden de los carmelitas quienes me destinaron tres años a Ecuador en trabajos de misiones. Después, el 8 de agosto de 1982 me ordené sacerdote en Oviedo y allí mismo celebré mis bodas de plata, con la presencia de carmelitas de Gijón, Oviedo y varios puntos de España. Fue muy emocionante.
-¿Qué raro resulta oír hablar de misiones! Es un término que cayó prácticamente en desuso. Al menos, socialmente.
-Sí, es que es un mundo muy materialista, en el que no hay muchos jóvenes que se vayan a los países del tercer mundo a trabajar con los más pobres. Yo llevo 33 años en Ecuador y me abrieron un campo muy enriquecedor, con una Iglesia más viva, más compartida y, sobre todo, trabajando con los más necesitados.
-¿Siempre en Guayaquil, la segunda ciudad de Ecuador y la primera en población?
-Sí. La mayor parte de mi servicio pastoral ha transcurrido en Guayaquil, donde siempre trabajé en parroquias y en la vida pastoral. He trabajado con los laicos, en retiros con sacerdotes y religiosas, y también con los grupos de acción contemplativa, que ha sido mi fuerte, donde he podido escribir dos libros con un mensaje sobre la oración contemplativa, pero siempre muy relacionado con lo social. Siempre me ha llamado estar al lado de la gente más pobre que se enfrenta a grandes necesidades.
-Disculpe el desconocimiento, pero ¿qué es la oración contemplativa?
-Es silencio. Soy carmelita y nuestra orden trabaja en la sencillez y el silencio. Eso es lo que yo trato de impulsar en un mundo tan intenso como el que vivimos.
-¿Esa espiritualidad intensa que parecen tener los países latinoamericanos está ligada a la pobreza?
-Ahora hay muchos inmigrantes que han venido a España para buscar una vida mejor y que han traído una mayor espiritualidad, un mayor compromiso interior. Allí se vive mucho lo religioso, para todo acuden a la iglesia y buscan al sacerdote.
-¿Es ahora Hispanoamérica el reducto religioso de Occidente?
-Hay una profunda crisis de vocaciones en Europa y no va a pasar mucho tiempo antes de que tengan que venir voces de Hispanoamérica para reevangelizar Europa. Son culturas distintas, ni mejores ni peores unas que otras, pero lo cierto es que ahora en Europa se aprecia un cierto ateísmo, una cierta indiferencia religiosa en la juventud, carente de valores humanos y religiosos.
-Sí, ya hizo mención a ello en la homilía del día de Begoña e incluso reconvino suavemente a los feligreses de la parroquia de los carmelitas por no tener el suficiente espíritu de sacrificio para soportar mejor el calor.
-Sí, es que ahora tenemos de todo y cuando carecemos de un poquito ya nos parece que es insoportable. ¿Tenemos allí tantas carencias, tanta pobreza!, que da la sensación de que hay personas que dan limosna a su vida. Hay mucha pobreza humana y espiritual, una evidente carencia de valores. Sin embargo, estos días en España he sentido que se acoge muy bien a los emigrantes, que se les trata bien, que se les da trabajo. Me han dicho que en Asturias hay muchos ecuatorianos a los que se les ha ofrecido la hospitalidad española para que se sientan como en familia, sin distinciones. Y ese es un gran valor, por el que quiero daros las gracias.





