
Al final fueron ocho, pero cinco goles resultaron excesivos para el fútbol que se vio en la primera parte, sobre todo por parte del Madrid, que fracasó en defensa, jugó sin extremos y apenas elaboró una sola jugada ante un sólido Sevilla que maniató a quien, sin Guti en el once, se suponía debía crear, Sneijder. Los blancos evitaron un ridículo aún mayor antes del descanso sólo gracias a un trallazo con la zurda de Drenthe, autor de un golazo espectacular, y a una acción a balón parado cuando ya concluía el primer tiempo. Al prescindir de Guti, Schuster se enredó al alinear en el centro del campo a Sneijder, Drenthe y Robinho y el Madrid no tuvo ni toque ni llegada.
Con el 1-0 del Pizjuán, era el campeón de Liga el que debía arriesgar, pero desde el pitido inicial se comprobaron las dificultades que iba a encontrarse el Madrid frente a un rival preparado para defender, contener el presunto peligro de los locales en el medio campo, y preparado para machacar al contraataque.
Al contrario que el Madrid, el Sevilla sí disponía de extremos, de profundidad por bandas, y así fue como llegó el 1-2 que rompió la Supercopa, con una jugada personal de Duda por la izquierda que culminó libre de marca Renato. Por si faltaba poco, Pepe, con una mano infantil, regaló otro tanto a los de Juande.
Con el título perdido, ya que el Madrid necesitaba tres goles en 45 minutos, Schuster sacó a Guti en la segunda parte y colocó a Drenthe como lateral izquierdo. El Madrid le puso mayor entusiasmo, velocidad y coraje, aunque siguió sin profundidad.
Se calentó el choque con la ofensiva del Madrid y la destrucción del Sevilla, que sin necesitarlo entró en la batalla de juego directo que propusieron entonces los locales. En sólo tres minutos llegaron otro par de goles, uno en cada portería. El del Madrid, para no variar, a balón parado, y el último del Sevilla, de Kanouté, propiciado por un centro de Alves que no pudieron rechazar Pepe ni Casillas. Y aún hubo tiempo para una 'manita', que duele muchísimo al madridismo. 3 5





