Los motoristas o moteros, como a menudo se les suele denominar; se quejan del mal estado de algunas carreteras; y, sobre todo, de algunas autovías o autopistas (en particular de los llamados quitamiedos), pero también en la ciudad se registran un buen número de accidentes de moto, cuyos orígenes no tienen nada que ver con los problemas mencionados con anterioridad.
Quién no criticó, en algún momento, a los jovencillos que van por la ciudad en moto, como si se tratara de un circuito de velocidad; quién no vio a algunos jóvenes repartidores, que se nos cuelan por cualquier lado y nos meten grandes sustos cuando vamos conduciendo nuestro vehículo, o que pasan algún que otro semáforo en rojo, para arrancar unos minutos, tan importantes para quienes les tienen contratados y tan innecesarios para su seguridad.
Todo esto es cierto, pero yo hoy quiero pararme en algo que, a menudo, no tenemos en cuenta, que es una realidad palpable y que, a poco que nos fijemos, nos vamos a dar cuenta. Los usuarios de las motos en la ciudad, son tan frágiles y tan indefensos como los ciclistas y los peatones. Son invisibles para quienes conducimos un coche; y no digamos, un camión o una furgoneta.
No me cansaré de pedir que en las ciudades peatones y ciclistas tengan prioridad, algo que vengo reivindicando desde hace tiempo, pero también quiero pedir, en esta ocasión, respeto y consideración para los usuarios de las motos, que al fin y a la postre, suelen molestar menos que los vehículos de cuatro ruedas.





