
LOS DATOS
Sin embargo, Faustino García (Tino Venturo), edil de Mantenimiento Urbano y Rural y delegado municipal en el barrio, indicó ayer a EL COMERCIO que la parte que se ha derribado es propiedad municipal, mientras que la que queda en pie «es de los vecinos», por lo que al ser de la comunidad son ellos los que se tienen que ponerse de acuerdo en qué hacer con las instalaciones. «Continuar con las obras es inviable hasta que el contencioso que mantienen los vecinos esté resuelto», señaló Venturo.
Por su parte, Enrique Cerra ha asegurado que «la estructura que queda por tirar es propiedad municipal ya que se trata de parte de las antiguas aulas del colegio». El presidente vecinal también ha explicado que lo «único» que es propiedad de los vecinos es un local ubicado en un edificio adyacente al colegio y que en su día sirvió como salón de actos y sede social para la asociación Evaristo Valle. En el vecindario lo conocen como el 'local del cine', porque antiguamente los vecinos acudían a él para disfrutar de la proyección de películas. El presidente de la agrupación de vecinos quiso dejar claro que este local es «adyacente al antiguo colegio de Lloreda y que no tiene nada que ver con las ruinas que están por derribar».
El colegio está ubicado enfrente del Grupo Lloreda, entre la calle Marruecos y la avenida de los Campones. Según las explicaciones de Cerra, se construyó a la vez que los bloques de viviendas de la zona, en los años 60. En setiembre de 1987 se creó el colegio público de Tremañes y reunificó a los colegios de Lloreda y Maravillas, los cuales desaparecieron como centros docentes dadas sus malas condiciones materiales. Al desplazarse los alumnos al instituto, las instalaciones del Lloreda quedaron inutilizadas. Poco después una parte del edificio fue destruida.
«En 1984 los vecinos que habitaban las viviendas de los bloques del poblado de Inuesa pudieron comprarlas y el 'local del cine' pasó a ser propiedad de la comunidad vecinal, que suma un total de 227 personas, por lo que cada vecino es dueño de una parte del local», explicó Cerra.
En la actualidad, el edificio colindante al colegio ya no alberga ninguna sede social, ni se proyectan películas ni sirve como salón de actos. Está inutilizado por completo. Sin embargo, pese a que más de 200 vecinos optan por destruirlo, las labores de derribo no se pueden llevar a cabo hasta que todos los propietarios se pongan de acuerdo, de forma unánime opten por una solución y firmen el documento con el que dan su aprobación.





