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AL AIRE
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23.08.07 -
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MIENTRAS una mayoría de los personajes que suelen protagonizar estas líneas se encuentran de vacaciones al sol, éste que lo es su padre putativo cumple condena a la sombra... de la umbría habitación en la que se encierra a parir columnas. No es extraño, pues, que acudan a mi caletre pensamientos tan fúnebres como el de ver a la señora de la guadaña y escuchar su risa esquelética, lo cual posiblemente sea fruto de seguir el consejo de Coucteau y mirarme al espejo durante toda la vida para ver a la muerte trabajar como las abejas en una colmena de cristal.

Menos mal que me dio un ataque de erudición espontánea y recordé una frase del gran Virgilio que suele usarse como ejemplo de la figura estilística llamada histerología, consistente en la anticipación de lo que lógicamente debería posponerse.

Dice así: «Moriamur et in media arma ruamus».

En romance paladino significa que «muramos y lancémonos en medio del combate». Pues eso, que me lancé 'a pelu gochu' a la arena de concluir el tajo cotidiano, y para ello comparé los sombríos pensamientos de las líneas precedentes con unos versos de Adelardo Pérez de Ayala que son un auténtico lema de actitud ante el final inevitable: «Sabed que dentro del alma / la mayor grandeza existe, / y la ventura consiste / en saber gozar de calma. / Viviendo en paz, sin violencia / nuestro fin llegar se advierte / y ver con calma la muerte / hace feliz la existencia».

Justo cuando me disponía a narrar alguna anécdota de corte optimista, apareció el cantante Pixín el Rapero y se puso a interpretar su última composición mientras golpeaba con sus manos mi hueca cabeza cual si se tratara de un instrumento de percusión:

«Con pluma pitu caleya / y tinta de chipirón, / le escribo versos a ella / pletóricos de emoción. / Aunque sea un poco fresca, / gústame, y casi tanto / como una buena ventresca. / La comparanza es de espanto, / pero sincera y sentida, / pues ansío vivir con ella/ lo que me reste de vida... / ¿Qué sea en mi noche estrella!».

Ojalá.
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