Menos mal que me dio un ataque de erudición espontánea y recordé una frase del gran Virgilio que suele usarse como ejemplo de la figura estilística llamada histerología, consistente en la anticipación de lo que lógicamente debería posponerse.
Dice así: «Moriamur et in media arma ruamus».
En romance paladino significa que «muramos y lancémonos en medio del combate». Pues eso, que me lancé 'a pelu gochu' a la arena de concluir el tajo cotidiano, y para ello comparé los sombríos pensamientos de las líneas precedentes con unos versos de Adelardo Pérez de Ayala que son un auténtico lema de actitud ante el final inevitable: «Sabed que dentro del alma / la mayor grandeza existe, / y la ventura consiste / en saber gozar de calma. / Viviendo en paz, sin violencia / nuestro fin llegar se advierte / y ver con calma la muerte / hace feliz la existencia».
Justo cuando me disponía a narrar alguna anécdota de corte optimista, apareció el cantante Pixín el Rapero y se puso a interpretar su última composición mientras golpeaba con sus manos mi hueca cabeza cual si se tratara de un instrumento de percusión:
«Con pluma pitu caleya / y tinta de chipirón, / le escribo versos a ella / pletóricos de emoción. / Aunque sea un poco fresca, / gústame, y casi tanto / como una buena ventresca. / La comparanza es de espanto, / pero sincera y sentida, / pues ansío vivir con ella/ lo que me reste de vida... / ¿Qué sea en mi noche estrella!».
Ojalá.





