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GIJÓN
Cuando llegue el invierno
23.08.07 -
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Y llegará el invierno, acaso sin darnos cuenta, pero lluvioso y no demasiado frío, el cielo gris, y el alma atenazada. Aquí los inviernos son acariciantes y la gente sigue saliendo a la calle a pasear -paraguas, setas de colores que ponen en la calle jardines entre el agua- frío que te abraza en las esquinas, escaparates que intentan atraer voluntades medio dormidas y calles como espejos que duplican el paisaje formado por casas, columnas de luz, coches que pasan siseando como pidiendo silencio al silencio, y pandillas de chavales que buscan en el agua y en el frío un entretenimiento, porque acaso no tienen otro más que los fines de semana de botellón y noche, de ocio mal entendido y 'otras cosas'. Amaneceres de contenedores destrozados, voces cantando 'alta la lleva' canciones procaces, noches de insomnio voluntario, de borracheras y amaneceres sin sol, lloviendo cuando llueve, pero con el frío, a veces metiéndosete en el cuerpo y la ciudad desperazándose para cumplir, cada cual como sea, con un domingo más sin nada, si acaso abrazándose a la tele (¿Dios mío qué mala es!), o ir a El Molinón a ver si este año los fichajes se pueden conjuntar y no bajar y consiguen mantenerse en Segunda que es a lo más, según mi criterio, que podemos aspirar de momento, y en esta situación en que estamos no es poco y la directiva consiguiendo con trabajo y buen hacer, y produciendo el milagro cada año. Y llegará el invierno y no habrá nada, alguna conferencia a las que asistirán veinte o treinta personas, y la ausencia de fiestas que hacen más largo el invierno y la ausencia de casi todo, porque aquí sólo se cuida y no mucho, el verano pero el resto del año los ciudadanos que trabajan (no muchos) y los que no (bastantes) se entretienen con el Sporting, viendo la telebasura y paseando bajo la lluvia, mirando escaparates, tomando un cafetín para olvidarse acaso de esa hipoteca o recordar a los hijos que se han ido a trabajar a otra autonomía o al extranjero. No hay demasiadas sonrisas en la gente de rostros adustos y de paso cansino. Y es señores, que estaremos en invierno y los gijoneses por no saber que hacer se aletargan y entonan ese «¿qué más da!» tan nuestro, tan triste. Inviernos de Gijón a los que hay que despertar como sea porque parece que el ciudadano no tiene derecho a divertirse más que con el frío y 'el circo del agua'
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