Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Local

GIJÓN
Sentido y sensibilidad
23.08.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
AMIGOS y amigas, hoy vais a notar algo diferente en este mi contacto semanal con vosotros y vosotras. Os explico. Hace unas semanas vino a esta ciudad (de donde es natal, por cierto) una profesora de Educación Secundaria en un instituto de Valencia. El objetivo de la visita, lectores y lectoras, era impartir un curso dedicado a educadores y educadoras sobre como evitar el lenguaje sexista en nuestra sociedad. Según mantiene la docente, nuestro idioma, el que usamos cotidianamente, está lleno de referencias sexistas donde impera lo masculino sobre el femenino. Así, sostiene, por ejemplo, que un padre no puede tener hijos en genérico, sino que también debería también nombrar a las hijas. Veamos un ejemplo. Dos parejas se encuentran y mantienen la siguiente conversación. Pareja uno: «¿Y queréis tener familia pronto?». Pareja dos: «Sí, queremos tener hijos e hijas a lo largo de este año». Cosa que, como ven, es lo más normal del mundo puesto que, según la profesora, sólo es acostumbrarse y quitar esos tic que tanto dañan nuestra convivencia. Es más, sostiene que el proceso debe empezar en el periodo de 0 a 3 años y, de esta manera, nuestros niños y niñas, tendrán: docentes/as, cuidadores/as, tutores/as, etcétera, etcétera. Un mundo, en definitiva, perfectamente adaptado a los nuevos tiempos políticamente correctos que corren.

Pues bien, la segunda parte del tema viene porque, seguidores y seguidoras de esta columna, afirma que es en el nombre de las profesiones donde se produce la mayor dosis de discriminación. Dice, verbigracia, que para designar ciertos trabajos suena mejor utilizar el femenino: costurera, asistenta o enfermera. Pero que, en cambio, para otros (de mayor enjundia, se entiende), no existen ni juezas, ni pilotas, ni generalas. Cosa que, gijoneses y gijonesas, no deja de tener su punto de razón porque, fíjense, aquí tenemos toda una Alcaldesa muy amiga de una vicepresidenta del Gobierno. En fin, no se crean que la diatriba acabó ahí. Preguntada por cómo se tomaría la Academia de la Lengua toda esta avalancha de cambios, señaló que la institución es demasiado carcunda como para aceptarlo de buenas a primeras. Claro, recuerden, sólo tiene 294 años de historia y no suele guiarse por las modas. Así, pues, de esta guisa, este servidor suyo y suya se despide hasta la semana que viene si tienen a bien.
Vocento
SarenetRSS