Dicen desde el consistorio capitalino que la Feria es un evento caduco y anclado en los 50. Las cifras de visitantes no parecen refrendar la teoría gabiniana, situando al certamen a la cabeza de los eventos (civilizados) del verano, sólo superada, por ejemplo, por la Noche de los Fuegos, je, je (¿habrán detenido ya al cachondo que hizo el recuento en estado de embriaguez?). Y respecto a lo de falta de modernidad, hombre, yo no llegaría a tanto, aunque sí es cierto que no parecen demasiado vanguardistas los paseos en pos de los calamares o el chorizo, los viajes organizados de autobuses de la Tercera Edad para 'asaltar' stands o los niños del «¿Y-aquí-qué-dais?». Nada comparable a la vanguardia pura y modernez absoluta con que nos obsequiaban, hasta su extinción, desde el stand del Ayuntamiento de Oviedo, con música de acordeón, pañoletas, chorizos criollos y humoristas de sal gorda y chistes verdes. Pero eso era en otros tiempos, que luego se hicieron 'fashion', se tiñeron el pelo y se afeitaron el pecho para llevar la camisa al estilo Bisbal.
A mí todo esto me suena a pataleta infantil, a Villarriba y Villabajo, a chistes de los tiempos de «con el Sporting a Turín y con el Oviedo a Turón», a aldeanadas sin sentido. Fíjense: con el tiempo, el Sporting acabó jugando en Turón y el Oviedo en...uy, Nacho, para, que te pierdes. En fin, que no merece la pena entrar al trapo. Si lo de contar cercos es como el que cuenta ovejitas, al final, a lo mejor, se acaban durmiendo.





