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GIJÓN
Una noche bajo control
EL COMERCIO acompañó el viernes un dispositivo especial, que realizó 452 controles de velocidad y 81 de alcoholemia. La jornada se saldó con 28 denuncias, tres de ellas por delitos contra la seguridad
26.08.07 -
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Una noche bajo control
DESPLIEGUE. Un agente del servicio cinológico y el perro policía 'Stitch' se mantienen alerta para cualquier comportamiento anómalo, mientras otros policías realizan controles a los conductores. / J. BILBAO
Viernes. Pasan doce minutos de la medianoche y una decena de agentes comienzan a montar en la avenida de Juan Carlos I un dispositivo ya habitual en las madrugadas del fin de semana. Esa noche toca control conjunto de alcohol y velocidad, para el que el operativo cuenta con hasta diez agentes. La ruta, nunca la misma, está bien definida desde que comienza el turno y lo único que queda al arbitrio de los responsables del dispositivo es cuánto tiempo permanecerán en cada sitio, que irá en función del tráfico que haya en cada punto. El objetivo es claro: «Evitar que sigan circulando quienes constituyen un peligro para los demás».

El tramo elegido para iniciar la noche es especialmente conflictivo en lo que se refiere a la velocidad. Una larga recta incita a los conductores más imprudentes a apurar al máximo la sucesión de semáforos en verde, lo que hace que el radar, adelantado 200 metros al control, no tarde en empezar a dispararse. La vía admite un máximo de 50 kilómetros por hora y, aunque al calibrar el aparato suele dejarse al conductor un margen de hasta 20 kilómetros por hora por encima de ese límite, siempre hay quien supera las cotas.

Por el canal cerrado de los radiotransmisores los agentes que controlan el radar dan instrucciones a sus compañeros para que corten el paso a los infractores. «Un Clio azul. Setenta y cinco -kilómetros por hora-, siete cinco. BMW rojo. Setenta y nueve, siete nueve». Durante la noche fueron sancionados hasta 16 conductores, aunque ninguno de ellos superó valores especialmente extraordinarios. «En una ocasión en una vía limitada a 80 cazamos a una motocicleta a 176 kilómetros por hora y muchas veces vemos pasar coches incluso a 114 o 116 a pleno día por la avenida de Oviedo», explica uno de los agentes.

El exceso de un taxista

Nadie se libra de la fotografía. El viernes uno de los primeros sancionados fue un taxista, aunque en ese caso los agentes le permitieron finalizar el servicio que estaba realizando. «Se anotó su número de licencia y se le permitió continuar». A la vuelta, el taxi se detuvo junto al control para que se tramitara la denuncia.

Los controles de velocidad se convierten en el primer filtro a la hora de detener vehículos para realizar las pruebas de alcoholemia. Pero no es el único. Los agentes irán parando coches de forma casi continua y cualquier conductor puede ser obligado a someterse al test del alcoholímetro. No obstante, sí existen perfiles más proclives a ser detenidos. «Lógicamente, si los ocupantes de un coche llevan un determinado comportamiento, tienen más papeletas para tener que pasar el control que otros». Aún así, desde la Policía Local reconocen que cada vez más «se dan casos del conductor que, por turnos, se 'sacrifica' por el ocio de los demás».

El mero hecho de dar el alto a un vehículo puede deparar grandes sorpresas desde el punto de vista de la seguridad vial. Durante el control al que asistió EL COMERCIO se localizó a un joven que, pese a dar negativo en las pruebas de alcohol, circulaba sin carné. Una vez identificado se comprobó que su permiso había sido suspendido por dos años y el infractor ni siquiera había hecho aparición por el curso de reciclaje al que estaba obligado a acudir.

Cuando la grúa retiró su vehículo, el dispositivo se trasladó al segundo punto de su ruta nocturna: la avenida de Oviedo, en dirección a la de la Constitución. «Si alguien entra en Gijón bajo los efectos del alcohol, se convierte en un problema para los gijoneses», sentencia un mando.

En esta carretera uno de los mayores problemas es el elevado número de vías de escape que tienen los conductores si detectan el control. Por ello los responsables del radar deben estar doblemente alerta. Pero la picardía no siempre logra su objetivo. Un grupo de jóvenes estacionó su coche en el arcén 50 metros antes del control para seguir su camino a pie, aunque su sospechoso comportamiento no pasó inadvertido a los agentes. Dos policías se acercaron para someter igualmente al conductor al control de alcoholemia y, aunque el pensamiento de los agentes no iba muy desencaminado, el joven no superó la tasa. 0,25 miligramos, justo en el límite. Visto el resultado, los jóvenes volvieron al coche, sin sospechar que al llegar al control volverían a ser detenidos para repetir el procedimiento. «Hasta una hora después de la última copa, el nivel siempre sigue subiendo», explicaba un agente. No fue el caso.

Otros conductores, sin embargo, no lograron evitar la sanción. Novatos que soplan a 0,27, el doble de su límite, y pilotos veteranos que superan 0,5. Hasta las siete de la mañana, hora a la que finalizó el turno -a continuación se activa otro de mañana-, 12 de las 81 personas que se enfrentaron al etilómetro fueron denunciados, nueve de ellos de forma administrativa -deberán pagar una multa- y tres por vía judicial, como presuntos autores de un delito contra la seguridad del tráfico -a partir de 0,70-. Y de los 452 vehículos sometidos al control del radar, 16 fueron sancionados.

A partir de las tres y media de la madrugada el control policial se acercó al centro de la ciudad, rotando primero por la avenida de Pablo Iglesias y después por el paseo del Muro. «Lo importante es trabajar en todos los sitios, y si no se nos espera, mejor. Mucha gente intenta evitarnos a sabiendas de que está incumpliendo la ley». Y cada noche de fin de semana la Policía Local tratan de evitarlo.
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