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GIJÓN
Una inauguración con polémica entre Principado y Ayuntamiento

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Una inauguración con polémica entre Principado y Ayuntamiento
En la imagen aparecen un Sergio Marqués presidente del Principado, un Juan José Tielve consejero de Fomento y un Vicente Álvarez Areces alcalde de Gijón. Ese día, el viernes 8 de agosto de 1997, todos ellos salieron juntos en la fotografía de la apertura del parque del Cabo San Lorenzo. EL COMERCIO tituló la noticia 'Inaugura que algo queda'; eran días frenéticos y en una sola mañana el PP y el PSOE se reunieron en dos ocasiones. Primero, para abrir un tramo del enlace Lloreda-Piles y luego para presentar el nuevo espacio verde de La Providencia.

Francisco Álvarez-Cascos era el ministro de Fomento y Areces anunció su inminente visita para la apertura al tráfico de la ronda Sur, aunque matizó que «si fuera por el PP estaría mucho más al Sur». Tielve, para contrarrestar el ataque, afirmó que su partido había destinado a Gijón en dos años el doble de dinero que el PSOE en toda una legislatura.

Hubo polémica en la inauguración, pero el tema de las inversiones monetarias era algo que ya había tenido su reflejo en la creación del parque que ambos partidos inauguraban ese 8 de agosto en La Providencia. Lo ideó un Principado del PSOE, que presupuestó su creación en 300 millones de pesetas. Pero el total de la obra, desarrollada con el PP en el Principado, ascendió finalmente a 180 millones.

Un proyecto cambiante

La merma presupuestaria se reflejó en el diseño del espacio verde. En un principio, Ángel Noriega había propuesto crear dos niveles de paseo, el superior -accesible para discapacitados- bordeado con una barandilla similar a la de San Lorenzo, pero con vistas a un mar de hierba. El aparcamiento circular que ahora está en la cima, iba a quedar oculto bajo un talud.

Y el biólogo Tomás Lobo estudió la flora necesaria para colocar muros de árboles que protegieran del molesto viento a los visitantes y les permitieran disfrutar de una pradera, con vocación de solarium, oculta del aire por esas pantallas arbóreas. Noriega reconoce que esta parte fue la que se sacrificó en aras del presupuesto. Pero está contento con el resultado final, aunque afirma que «siempre queda la duda de qué habría ocurrido si se hubiera plantado lo previsto».
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