
Según el parte médico dado ayer por el jefe de los servicios de Cuidados Intensivos y Urgencias del hospital, el doctor Francisco Murillo, tras 36 horas de ingreso el futbolista se debate entre la vida y la muerte, «como consecuencia de los graves trastornos ocasionados por la parada cardiaca, incluyendo sufrimiento cerebral». No obstante, habrá que esperar al menos 48 horas, para saber «si la recuperación puede ser total o quedan secuelas» y establecer una idea de cuál puede ser el futuro del proceso.
Los facultativos señalan que «lo único positivo es que no hay empeoramiento», aunque el jugador aún precisa «ventilación mecánica y sedación como consecuencia de una parada cardiaca prolongada».
Dolencia hereditaria
A falta de más pruebas, los médicos sospechan que las arritmias han sido causadas por una enfermedad de origen hereditario, displasia arritmogenética del ventrículo derecho del corazón, dolencia difícil de detectar y que se manifiesta «en la segunda, tercera o cuarta década de la vida» de quienes la padecen.
El lateral izquierdo internacional, de 22 años, permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos desde el sábado, cuando en durante el partido de Liga contra el Getafe sufrió un desvanecimiento y cayó inconsciente sobre el césped.





