Para que se hagan ustedes una idea de hasta dónde puede llegar la racanería del personaje, les narro una anécdota alusiva a tan innoble condición:
Resulta que en ocasión de hallarse en la playa con un nieto, la resaca de una ola arrastró hacia dentro al pequeño que jugaba plácidamente en la orilla. A pocos metros, tumbado sobre una toalla, Dalmacio presenció la terrible escena, se levantó raudo pero al llegar al lugar la mar traicionera ya había engullido al chaval. La desesperación lo impelió a una peculiar combinación de fervor religioso y pecuniario:
- ¿¿Santina, si obras el milagro de que otra ola deposite otra vez al mi nietín en la orilla, aparte de agradecételo eternamente daré un óbolo de 1000 euros a les hermanites de la caridad!!
Tres olas y unos segundos después, y como quiera que el rapaz continuaba sin dar señales de vida, el hombre volvió a la carga con renovados ímpetus económicos:
-¿¿Pequeñina y galana, si cumples la tu parte del tratu, por mi parte amplío la oferta a 2000 euros!!
Otra ola más y...nada; de modo que Dalmacio exclamó:
-¿¿3000 euros, que son todos mis ahorros!!
De pronto un inesperado embate trajo al niño hasta casi los pies del abuelo. Mientras aquél expulsaba agua en forma de vómitos y lloraba a moco tendido, éste lo abrazó, se postró de hinojos, elevó la mirada al cielo y concluyó con aire de cabreo:
-Les gracies sí que te les doy, pero de les perres olvídate porque, vamos a ver: ¿puede sabese dónde están el cubu, la pala y el rastrillo que tenía el guaje, ho?
En fin, cuando reproché al discípulo de Diógenes esta faceta de su personalidad, respondió tal que así:
-Soy probe de cuna y no puedo evitar el ansia compulsiva de tener y no gastar. Soy, pues, fruto de les circunstancies y puedo afirmar que tengo un papel secundariu en la historia de mi vida.





