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LA MAR
Cepesma renuncia a exponer el esqueleto del cachalote por sus múltiples fracturas
Ninguno de los restos del animal son aprovechables para la investigación La entidad recurrirá a apadrinamientos para financiar algunos proyectos

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SIN APROVECHAMIENTO. El cuerpo del cachalote, antes de ser examinado, sobre un camión. / ALEX PIÑA
El basurero fue el destino del cachalote hallado anteayer a 22 millas al Nordeste de Gijón, ya que resultó totalmente imposible aprovechar para la investigación ninguno de sus restos.

El director de la Coordinadora para el Estudio y la Conservación de las Especies Marinas, Luis Laria, había dispuesto un equipo de colaboradores de 27 personas para extraer los huesos del animal y exponer su esqueleto en el Aula del Mar de Luarca. Sin embargo, no fue posible. Laria indicó que múltiples fracturas fueron la causa de la renuncia. Tras la exploración de los restos del cachalote se intentó obtener, ,al menos, el cráneo, pero también estaba «totalmente fragmentado».

Sobre la posibilidad de que las fracturas pudieran producirse antes de la muerte del animal, Luis Laria fue muy cauto. Tras un mes inerte en la mar, el cuerpo del cachalote aporta pocos indicios fiables y las olas pueden haber causado las fracturas.

Lo único que Laria descarta es que el casco de un barco pueda causar daños al animal antes de su muerte, a menos que tuviera la salud muy mermada. Quiere decirse que las embarcaciones de tamaño suficiente para herir a un cachalote de cerca de 11 metros y nueve toneladas no se mueven por el Cantábrico a velocidad suficiente para alcanzarlo en condiciones normales de salud. «En el Mediterráneo y otros mares, donde funcionan los 'fast ferries', puede ocurrir -manifestó Laria-, pero por aquí no navegan ese tipo de barcos».

Apadrinamientos

La expectativa de extraer y reconstruir el esqueleto del cachalote para exponerlo podría abrir a Cepesma la posibilidad de conseguir apadrinamientos que sufraguen los gastos que generan las investigaciones.

Cepesma tiene, según Laria, algunas ayudas oficiales, como 24.000 euros del Principado, pero los gastos de recuperar cetáceos y otras especies son grandes y algunas veces, como es el caso de ayer, no hay aprovechamiento científico alguno.

En ese sentido, Luis Laria pone como ejemplo los calamares gigantes, que Cepesma tiene expuestos. El tratamiento para la conservación de cada ejemplar cuesta aproximadamente 12.000 euros, a lo que hay que añadir el transporte y otros gastos que se producen desde que aparece el animal hasta que llega a ser expuesto.

El apadrinamiento por algunas empresas es la solución en la que piensa Cepesma para financiar algunos proyectos. «Algunas veces tenemos que pintar el dinero para asumir los gastos, pero si aparecen cinco calamares gigantes en pocos días, por ejemplo, hay que buscar soluciones, porque se trata de ejemplares excepcionales».

Apoyos

Sorteando no pocas dificultades económicas, Laria asegura que se producen algunas aportaciones que benefician tanto al ánimo como a las arcas. Laria comentó que no hace mucho pidió a Cajastur 24.000 euros para un planetario que está creando en Luarca y recibió 36.000, en reconocimiento de las actividades de Cepesma. Son anécdotas que «te recargan las pilas» y que hacen que se puedan asumir gastos que, a veces, como el cachalote, acaban en la basura.
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