
LA VOZ DE UMBRAL
No coincide en este sentido el director de la Fundación Príncipe con todo el mundo. Muchas fueron ayer las personas que declinaron recordar al prosista deslumbrante por estar muy lejos de admirar al controvertido ser humano que guiaba su pluma. Carlos Bousoño fue uno de ellos. Pero hubo muchos más, como las escritoras Carmen Gómez Ojea o Ángeles Caso, que por «no hablar mal de los muertos» prefirieron no decir nada.
Sí quiso hablar el escritor y editor José Luis García Martín, quien no dudó en admitir que al pensar en Umbral se desdoblan en él la fascinación por el maestro de las letras, «capaz de hacer poesía con la prosa, autor de algunas de las páginas más excepcionales de la historia», y la poca simpatía que sentía por el hombre «egocéntrico, al que poco la importaba la verdad y que atendía siempre al mejor postor».
De de la misma opinión es la poeta Berta Piñán. Totalmente de acuerdo con este dibujo del escritor y periodista, al que admiró tiempo atrás por «ser un escritor de raza», asegura que «no supo evolucionar hacia bien». Por eso la autora asturiana dice «no poder comulgar con sus ideas, que son, ademas, de una misoginia patente».
Al otro lado, al de los que ayer lloraron su muerte está el director de la Real Academia Española (RAE), el también asturiano Víctor García de la Concha, para quien el autor de 'Los males sagrados' quedará «siempre en la memoria por su estilo tan personal. Logró acuñar un lenguaje propio, que es lo que realmente es característico de un creador». Considera De la Concha la pérdida del autor como la de «un amigo», del que dijo «no sólo era un gran escritor, sino también un gran creador». El director de la RAE, uno de los que alentó la concesión del Premio Príncipe de Asturias, también responsable en parte del Cervantes que luego llegó a sus manos, reconoció ayer que hubo «varias conversaciones para que Umbral ingresara en la RAE, pero que nunca llegaron a fructificar».
Viajando más atrás en el tiempo De la Concha, como Graciano García, recordaba también ayer «el bellísimo discurso» que pronunció el escritor ahora fallecido al recoger su Príncipe de las Letras. «Fue un canto a la cultura como la salvación del hombre», rememora el director de la Fundación, en la que se guarda como tesoro en paño el texto original escrito en una vieja Wonderwood.





