
La victoria española en la capital de Baleares nació, creció y culminó por una vía completamente inédita hasta ahora. De entrada, por la madrugadora aparición que tuvo en el marcador. A continuación, porque los hombres de José Vicente Hernández sacaron las uñas ya en el primer cuarto sin esperar a una de sus típicas rachas post-descanso. Y finalmente, porque no es normal que Alemania sólo anote cuatro puntos en el primer cuarto.
Sin embargo, Alemania tiene orgullo y calidad, así que cuando vio el camino tan absolutamente despejado también sesteó fuera de horas. Por eso, entre la bronca de Bauermann y una cabezadita española, el choque recuperó el pulso al acabar la primera parte (31-28).
El equilibrio agregó la chispa para animar el patio en el segundo tiempo. De todas formas, Alemania no terminaba de apretar lo suficiente como para inquietar a España, que en el arranque del tercer tramo intensificó la actividad defensiva y volvió a enseñar los colmillos (39-30, m. 24).
La diferencia superó los diez puntos antes de la conclusión del tercer capítulo (46-32, m. 28) y, aunque Bauermann volvió a reunir a los suyos en torno a la pizarra, el boquete anímico y la solidez de una España que gana sin parar, sentenciaron la penúltima prueba. El récord de Pepu, incontestable: veinticinco de veinticinco.





