Es algo que sorprende a casi todos y los hay que se tienen que ir a la antigua Universidad Laboral para subirse a lo alto de la Torre y atisbar mucho mejor lo que queda por venir. Son sorpresas para buen número de ediles de la nueva Corporación municipal gijonesa. Los de nuevo sello lucen renovada imagen, mastican chicle, colores vivos, mechas, amplias y bonachonas sonrisas. Ponen cara de susto en las fiestas al uso, que no cesan en la ciudad, y en sus pedanías y a algunos/as les coge con el pie cambiado. Un volar corto de verano, como el de las codornices y les afecta el calor.
Pero pronto tomarán vuelo y se harán notar para justificar los cargos de confianza y desconfianza asumida. Un otoño en la ciudad que en lo cultural va a demandar mucha mejor coordinación, por las múltiples apuestas y los consabidos denuedos para cuadrar los presupuestos. Nos estamos refiriendo a las actuaciones que van a tener el teatro Jovellanos, la Fundación Municipal de Cultura, el proyecto cultural de la Universidad Laboral, con la vuelta de Daniel Gutiérrez Granda, y los cantares y espectáculos del Jardín Botánico.
En todo caso estamos siempre en verano con las coplas que cruzan los vientos. Los camperos populares que el pasado año estaban fuera de juego en la foto del templo del día de Begoña ya son historia y los mandamases populares de Madrid aplicaron la máxima que vino bien: «Cuando hay un problema de difícil solución, lo mejor es dejar que pase el tiempo y que se queme en la hoguera».





